
Calladita te ves más clean
Según Laura Bates, fundadora de Everyday Sexisim, por primera vez en la historia, los jóvenes son más conservadores que sus padres. Al leer esto en un post de la BBC, pensé en mis hermanos menores. Al ser hombres, más que un reflejo de mi yo pasado, siempre han representado, para mí, una especie de contraparte. A veces dicen cosas como: “Las niñas son lo peor, no nos dejan jugar a la pelota en la sala”. Al escuchar eso, recuerdo mis propias batallas para estudiar sin que me llegara un pelotazo.
Si a las niñas todavía les molesta que sus compañeros se adueñen de los espacios y minimicen sus problemas, ¿por qué no se reconocen feministas?
En Chile, circulan videos de mujeres jóvenes calificando de “mínimo” o “princess treatment” (trato de princesa) acciones o actitudes de los hombres. Los que no caben en el estereotipo de hombre insensible y proveedor, son llamados “princesos”. Que no pague la cuenta, que no tome la iniciativa, que no maneje y que no resuelva por ella son motivos de rechazo. Esto también se ve en el programa de citas “Amor a ciegas” de Chilevisión.
Las jóvenes de hoy quieren ser princess passanger (no manejar), vivir con girl math (matemáticas para chicas) y ser tradwifes (esposas tradicionales). Las influencers que romantizan este tipo de vida dirían: ¿no que las feministas respetan a todas las mujeres? La respuesta debería ser sí. A nadie le hace daño que Nara Smith cocine todo desde cero, pero ¿cuál es el límite entre pedir protección y hacerlo a cambio de servicio? ¿Cuándo esa seguridad se vuelve dependencia?
Al final, se trata de no verse vulgar, de no llamar demasiado la atención, de no tener tanta personalidad. Si nuestra esencia es colorida, tiene sentido que lo comuniquemos visualmente, y si nuestros pelos son porfiados, ¿para qué tratar (y fracasar, en mi caso) de contenerlos en gel?
No se trata solo de los trends o de los conceptos y palabras que se usan, sino también de lo que se viste. Las modas son una representación concreta del entorno socioeconómico en la historia, pero, al ser un “tema de mujer”, muchas veces se estigmatiza como superficial. Por suerte, medios como La curva de la moda, en Argentina, y Somos la percha, en Chile, rompen esa caja.
En la versión podcast de este último, así como en Special People Club, escuché cómo las tendencias estéticas como el cleanlook o el quiet luxury se relacionan con el conservadurismo en la juventud. Estas modas buscan proyectar una imagen limpia y silenciosa. Se llevan colores neutros, peinados con gel que no dejan ni un solo pelo fuera, sin estampados ni marcas llamativas y sin mostrar mucha piel.
No estoy diciendo que no me gusten esas estéticas. También caigo ante las mujeres elegantes y estilizadas que aparecen en mi celular. Incluso, creo que hay un diseño de formas interesante. Solo reconozco la relación planteada. Al final, se trata de no verse vulgar, de no llamar demasiado la atención, de no tener tanta personalidad. Si nuestra esencia es colorida, tiene sentido que lo comuniquemos visualmente, y si nuestros pelos son porfiados, ¿para qué tratar (y fracasar, en mi caso) de contenerlos en gel?
Creo que hay algo muy político en lo chillón, sobre todo cuando viene de niñas cuya presencia aguda, curiosa y demandante siempre ha incomodado. Quizás el progreso, como lo conocemos, llegó a un límite, y ser rebelde significa demandar menos. Pero no reciclemos todas las modas. Calladitas no nos vemos más bonitas. Simplemente no nos vemos.