• Por Virginia Soto-Aguilar Cortínez
  • Fotografía Tania Moya
  • RU 184, otoño

Especial

Creer es la primera lección

Nacido desde la convicción de que la enseñanza de excelencia, gratuita y sin selección no solo es posible sino urgente, el Colegio Cree Cerro Navia levanta un modelo que combina altos estándares académicos con una fuerte formación socioemocional. Fundado por varios exalumnos de de la UC, la institución valora el talento de cada niño o niña y su capacidad de transformar su propia vida y la de su comunidad. A una década de su creación, hoy se encuentra próximo a graduar a su primera generación de estudiantes.

El Colegio Cree de Cerro Navia es un proyecto educativo joven, pero con una identidad clara y una ambición profunda: demostrar que el origen socioeconómico no determina el futuro de los estudiantes. Desde sus inicios en 2016, el establecimiento se propuso ser gratuito, sin fines de lucro y sin selección, abierto a niños y niñas de una de las comunas con mayores índices de vulnerabilidad del país. La convicción: todos pueden aprender y desarrollarse plenamente.
En palabras de su director y cofundador, Maximiliano Ortúzar, este proyecto nace del anhelo compartido de un grupo de educadores que, tras años de trabajo en contextos vulnerables, decidieron dejar de lamentarse por las falencias del sistema y actuar. “Nuestro sueño es que sea el mejor colegio de Chile, pero no para demostrar que somos los mejores, sino para probar que, independientemente del contexto y del origen socioeconómico, todos los niños y niñas en Chile pueden aprender y tener éxito”, señala Maximiliano.
El modelo educacional del Colegio Cree se basa en tres sellos fundamentales: excelencia académica, involucramiento con la comunidad y formación del carácter. Según su director, se trata de un colegio donde el aprendizaje de contenidos convive con un fuerte desarrollo socioemocional, orientado a formar personas íntegras, con propósito y capaces de convertirse en agentes de cambio para su comunidad y el país.

Un proyecto educativo con propósito

Antes de fundar el Colegio Cree, Maximiliano Ortúzar recorrió un camino marcado por la educación y el compromiso social. Estudió Bachillerato en Ciencias Sociales y Humanidades y luego Filosofía en la Universidad Católica, formación que combinó desde temprano con diversas experiencias de voluntariado vinculadas a contextos de alta vulnerabilidad, durante su etapa escolar y universitaria.
Tras egresar de la UC, Ortúzar ingresó al programa Enseña Chile, a través del cual realizó clases durante dos años en una escuela en contexto vulnerable. Esa experiencia resultó decisiva. “Al primer año, rápidamente me di cuenta de que no iban a ser dos años, sino que probablemente toda la vida”, relata, y explica que encontró en la educación escolar un sentido profundo y un propósito que lo llevó a dedicar su vida profesional a este ámbito.
Posteriormente, volvió a la universidad para trabajar en el Centro de Políticas Públicas, específicamente en el programa Elige Educar. Fue en ese período, junto a colegas con trayectorias similares, cuando comenzó a tomar forma la idea de crear un colegio propio. “Veíamos que se podía hacer mucho, que hay demasiado talento en los estudiantes que este se pierde por no acceder a buenos colegios”, explica Ortúzar.
El proyecto fue cofundado por cinco personas. En un inicio, trabajaron en el diseño del colegio durante sus tiempos libres, fines de semana y noches, hasta que llegó el momento de tomar una decisión radical: dos de los fundadores renunciaron a sus trabajos para dedicarse a tiempo completo al desarrollo del proyecto.
El sueño era ambicioso y claro: crear un establecimiento que aspirara a la excelencia académica y, al mismo tiempo, a una firme formación socioemocional basada en el amor, el buen trato y el desarrollo integral de los estudiantes. “Queríamos demostrar que, más allá del contexto, todos los niños y niñas pueden aprender, vivir una vida plena y acceder a la educación superior”, afirma Ortúzar.

La salud mental como eje central

Un sello distintivo del Colegio Cree es la importancia que asigna a la formación socioemocional y a la salud mental de toda su comunidad. Desde su origen, el proyecto entendió que no basta con entregar herramientas académicas si no se acompaña a los estudiantes en su desarrollo personal y emocional.
El colegio cuenta con un currículum con clases dedicadas a los valores y múltiples instancias diseñadas especialmente para enseñar y reforzar habilidades emocionales. Estas no solo se trabajan en el aula, sino también a través de asambleas, hitos institucionales y reconocimientos mensuales que involucran activamente a las familias.
La salud mental se aborda también desde un acompañamiento profesional permanente. “Los estudiantes con mayores dificultades tienen planes individuales y un sistema de acompañamiento”, explica Ortúzar, destacando que el colegio asume la alta vulnerabilidad de su comunidad como una responsabilidad propia.
Daniela Molina se desempeña como profesora de prebásica del colegio desde 2022. Ella comparte su admiración por el acento en salud mental que entrega este proyecto escolar: “Ser parte del colegio me confirma que la educación parvularia es clave para las bases del aprendizaje, para el desarrollo socioemocional y para la formación del carácter”, afirma. En ese sentido, subraya que no se trata solo de hablar de estos conceptos, sino de intencionarlos de manera sistemática, gracias a la formación y a las herramientas que entrega el propio colegio.
Uno de los aspectos que más valora del colegio es la centralidad de la formación socioemocional y valórica que, a su juicio, constituye el “tronco” del proyecto educativo. “El desarrollo socioemocional y la formación del carácter, que en realidad es lo contundente, yo lo encuentro de verdad de excelencia y no lo había visto en ninguna otra escuela”, asegura. Para Daniela, este enfoque no solo impacta en los aprendizajes académicos sino que “permite generar vínculos con los apoderados, con los estudiantes y con el mismo equipo”.
“Lo que más me gusta es que el colegio no se queda solo en el discurso: realmente cree en los estudiantes, cree en los apoderados y cree en su equipo de trabajo”, señala. Agrega que estas altas expectativas son una constante que se transmite a los niños, quienes “realmente lo creen, lo viven y lo aplican”, fortaleciendo su confianza y su motivación desde edades tempranas.

“Puedes ser lo que quieras ser”

En el caso de Daniela Durán, quien se integró como profesora básica hace cuatro años, uno de los aspectos que más valora es la orientación hacia la excelencia. “Se trata de un proyecto que no pone el foco en las dificultades de origen de los estudiantes, sino que en sus potencialidades. En ese sentido, tratamos siempre de exigir lo más que los niños puedan dar”, indica.
“Siento que el colegio es un espacio seguro para ellos”, afirma, y recalca que los estudiantes se sienten felices y contenidos, ya que su escuela les permite soñar y proyectarse. “Es un espacio donde ellos pueden ser lo que quieran ser y donde es posible ponerse metas muy altas”, concluye y valora que los niños imaginen un futuro distinto y trabajen activamente para alcanzarlo.
El trabajo con los apoderados es otro componente clave. A través de reuniones formativas, pautas actitudinales y retroalimentación constante, el establecimiento busca que las familias comprendan y refuercen los valores que se promueven en el aula.
Maritza Guerra es apoderada del Colegio Cree. Sus dos hijos van en enseñanza media. Ella destaca el impacto positivo que ha tenido el establecimiento en ambos niños y también resalta la cercanía con las familias. Destaca, además, que exista una preocupación constante por los estudiantes y su bienestar cotidiano. “Me gusta mucho el tema de que uno tiene cercanía con los profesores cuando pasa algo con los chiquillos”, comenta y agrega que esa preocupación se expresa en gestos concretos, como el seguimiento cuando un alumno no asiste a clases o atraviesa alguna dificultad familiar.
La apoderada agradece las puertas que el colegio le abre a sus alumnos. También cuenta emocionada el viaje que realizó su hijo el año pasado a Japón como representante del colegio, en el marco de un programa de buen trato y no al bullying. “Prácticamente era algo imposible de cumplir. Con solo 14 años pudo conocer otra cultura, compartir con estudiantes de distintos países y vivir experiencias que van a quedar marcadas para toda la vida”, cuenta.
“Mis hijos están preparándose para grandes cosas porque están en un colegio que fomenta sus habilidades y su desarrollo. Es muy completo en todo el sentido de la palabra”, recalca.

La primera generación PAES

Fundar el Colegio Cree no estuvo exento de dificultades. Tras anunciar formalmente la iniciativa, los fundadores vivieron un intenso período de preparación. Este incluyó una alianza con una red de colegios en Estados Unidos con la que realizaron un programa de formación de directores y diversas pasantías para diseñar el proyecto educativo y planificar los primeros años de funcionamiento.
Sin embargo, cuando ya se habían levantado fondos y se iniciaba la construcción del colegio, una modificación de la normativa introdujo una gran incertidumbre. La nueva ley de inclusión regulaba la apertura de colegios particulares subvencionados, lo que obligó al proyecto a detenerse durante un año, sin saber si finalmente podría abrir sus puertas en Cerro Navia.
Ese período fue especialmente desafiante, pero también permitió fortalecer el proyecto educativo, afinar su propuesta y consolidar al equipo. Finalmente, el colegio comenzó a funcionar en 2016 con estudiantes de prekínder a segundo básico. Desde entonces, ha crecido de manera sostenida, sumando un nivel por año, hasta alcanzar hoy más de 1.100 alumnos y cerca de 140 trabajadores.
A diez años de su fundación, el Colegio Cree se reconoce como un proyecto joven, en constante aprendizaje, pero con un impacto significativo en su comunidad. “Somos conscientes de que cometemos errores, pero aprendemos de ellos”, concluye Ortúzar. Con la primera generación a punto de egresar, el sueño de creer en la excelencia educativa gratuita comienza a mostrar, con hechos concretos, que es posible.
“Esperamos que todos puedan tener un muy buen cuarto medio y puedan acceder a la educación superior y dar vuelta el pronóstico de la comuna de Cerro Navia”, dice.
Más allá de los resultados en pruebas estandarizadas, el foco está puesto en que los estudiantes egresen con un proyecto de vida sólido, un propósito claro y las herramientas necesarias para sostenerse en la educación superior, el mundo laboral y la vida personal. La formación socioemocional, nuevamente, aparece como un factor clave para enfrentar los desafíos que vienen después del colegio y alcanzar el sueño de la excelencia.