Portadas de la Revista Universitaria en el tiempo: Reflejos de la transformación de Chile
La evolución estética de la revista refleja cómo cambia la función de la publicación: de
mero órgano interno u informativo a un medio de comunicación más abierto, con aspiraciones
de difusión amplia y relevancia pública.
En 1915, el año de la fundación de la Revista Universitaria (RU), Chile padece de aislamiento. La Primera Guerra Mundial, cruda y brutal, separó a América de Europa, lo que marca una gran diferencia con el periodo anterior, donde nuestro país vivía pendiente de los avances europeos –y también de sus productos–. En América Latina, las naciones se ven obligadas a resolver los problemas
por sí mismas, en todos los planos.
En este contexto, los centros de alumnos de la Universidad Católica se acercan a la rectoría y al Arzobispado de Santiago con la idea de que las investigaciones y reflexiones salgan al país, se difundan mejor, por lo que sugieren la creación de una revista, la que aparece en el mes de agosto.
Etapa inicial (1915–MEDIADOS DEL SIGLO XX)
En su primer número, la revista se concibe como un medio universitario de difusión interno-externo: “Un espacio de encuentro y discusión interdisciplinario dentro de la institución”. Durante este periodo, las características estéticas de la publicación se cristalizan en portadas sobrias, con predominio de tipografía simple, pocas imágenes o ilustraciones elaboradas (o de escasa tecnología en reproducción).
Además, en sus páginas se despliega un contenido muy textual, y la estética respondía más a una función de registro e información que a la experimentación gráfica. La paleta de colores es bastante limitada (blanco-negro o tonos muy reducidos), dada la tecnología de impresión
de la época.
El diseño se centra en la institución: logos de la universidad, encabezados institucionales, tipografía formal. Así, esta fase refleja una lógica de publicación académica tradicional, donde la función principal es la difusión de ideas y conocimientos del mundo universitario, más que el impacto visual.
CONSOLIDACIÓN Y MODERNIZACIÓN (MEDIADOS SIGLO XX–AÑOS 70)
A medida que la revista se consolida como parte de la vida universitaria, su diseño comienza a modernizarse. En 1954, nace la revista Finis Terrae, creada por el Departamento de Extensión Cultural de la UC, la cual pasa a funcionar de forma paralela a la Revista Universitaria hasta su cierre temporal en 1968. FT ejerció el rol de la RU mientras esta última se volcaba nuevamente a
los ámbitos académicos.
En los 60, la institución estaba en plena transformación debido a la reforma universitaria en ciernes, por lo que esto también se muestra en sus publicaciones.
En la editorial del primer número, Eyzaguirre explicaba que el nombre aludía a “Chile, el Finis Terrae” como expresión del extremo geográfico y simbólico del país. Así, normalmente la portada mantiene el título principal bien visible en la zona superior.
En los primeros números predomina un diseño sobrio, con color limitado, impresión en blanco y negro o escala de grises, acorde al período (décadas de los 50 y 60). La composición tiende a centrarse en la tipografía, con márgenes amplios, y sin gran sobrecarga gráfica. La inclusión de elementos iconográficos (mapas, ilustraciones simbólicas, motivos geográficos) aparece menos frecuente que la del texto puro, señalando que la prioridad era la difusión intelectual antes que el diseño gráfico espectacular.
Después del receso de la Revista Universitaria (1968-1978), ocurrido justo al inicio de la reforma universitaria, hubo cuatro años en los que la publicación se centra en contenidos académicos y de la universidad. Con un aspecto refundacional, vuelve a presentarse como N° 1 y, en la portada, un diseño reproduce el centro de la reja del frontis de la Casa Central, que incluye el símbolo pontificio.
La publicación se acerca más a una revista de divulgación que al mundo académico, pero sin abandonar estos contenidos. Esta poderosa mezcla acompaña a la revista hasta la actualidad y la convierte en uno de los principales medios de comunicación de la universidad con la sociedad.
Abierta al mundo
A partir de 1983, la RU inicia una nueva etapa de apertura a la realidad social universal. Por ello, se invitó a participar adestacados pensadores chilenos y extranjeros. En sus portadas lucen protagónicas temáticas y reflexiones de carácter mundial.
Hacia la contemporaneidad
En 1983, ocurre un hito para la estética de la revista al incluir en sus filas a una directora creativa: la diseñadora Ximena Ulibarri. Este rol será ocupado desde 2011 por Soledad Hola, directora de la Dirección de Marca y Diseño Corporativo, y quien permanece hasta la actualidad. Dentro de este periodo, las portadas aluden a los diferentes énfasis de la publicación.
En los 80 y 90 se desplegó un énfasis cultural y académico en sus portadas. Pocos titulares, colores fuertes y juegos tipográficos le dan un aire más moderno y llamativo a la cara de la revista. En sus portadas figuran entrevistados destacados del acontecer social y cultural internacional. Debido a lo anterior, se acerca más a una revista de divulgación que al mundo académico, pero sin abandonar estos contenidos. Esta poderosa mezcla acompaña a la revista hasta la actualidad y la convierte en uno de los principales medios de comunicación de la universidad con la sociedad.
Durante las primeras décadas de los 2000, el contenido se vuelca a temáticas de política pública, con el objetivo de entregar propuestas concretas, desde el mundo académico y universitario, para el desarrollo del país. Nacen los dossiers, que son especiales temáticos que se convierten en los protagonistas de las portadas. Se produce una integración visual con estos tópicos de actualidad y sociales (migración, Big Data, sequía, educación, obesidad, salud mental, medioambiente, entre muchos otros).
Se pueden identificar algunas tendencias estéticas concretas en esta época. En primer lugar, un
minimalismo tipográfico y una ilustración central: muchas portadas usan una ilustración o imagen altamente visual junto a tipografía limpia. También se ve un uso de fondos de color plano (por ejemplo, tonos pastel o neutros) que contrastan con tipografía en color o elementos gráficos accent. Algunas portadas recientes usan una fotografía potente (por ejemplo, un retrato, una intervención urbana) como clave gráfica.
Las portadas buscan captar la atención no solo del lector universitario, sino también de un público más amplio, por lo que el diseño gráfico se convierte en un elemento clave de la identidad de la revista. De esta forma, se utiliza una estética más alineada con revistas profesionales de divulgación, no solo académicas.
En esta etapa, la estética deja de ser una mera envoltura institucional y se convierte en parte del mensaje: el diseño comunica urgencia, modernidad, relevancia social. La revista ya no es solo para la comunidad UC, sino que aspira a lograr impacto social y cultural.
A lo largo del tiempo, la revista ha mantenido ciertos elementos de identidad visual que ayudan a
reconocerla. Por ejemplo, el título Revista Universitaria se ubica de manera consistente (aunque con
ajustes tipográficos, uso de logos que se van transformando) en la portada. En los últimos años se ha
consolidado también la presencia del escudo o la marca de la UC (o su referencia institucional).
IMPACTO A LA SOCIEDAD NACIONAL
A partir de 1997, la reflexión internacional se trasladó al país. La revista inició un nuevo ciclo presentando dossiers temáticos. Este mecanismo editorial continuó las siguientes dos décadas, haciendo de la publicación un lugar para el diálogo político, cultural y social. Además, posterior a 2015 surgen de forma paralela los monográficos, que han abordado hitos históricos desde diversas disciplinas (Reforma Universitaria, 50 años del golpe militar, entre
otros) y también han sido un refugio para la reflexión de las crisis de los últimos años (migración, pandemia, desigualdad, etcétera).
PATRIMONIO NACIONAL
En 2024 se realizó un proceso de análisis de parte del equipo editorial y de diseño de la revista, que permitió concluir la necesidad de un rediseño. El objetivo es iniciar una nueva etapa que dialogara con el fin de los dossiers y el paso a una revista con acento cultural y humanista, de orientación latinoamericana y que incluya nuevas secciones.
Para todo lo anterior, la revista, y en especial sus portadas, muestran ahora un diseño más limpio y sobrio, donde se priorizan los contenidos y textos más largos. Las fotos elegidas aportan conocimiento a los artículos. También se opta por una paleta de colores que dialogue con el espíritu de Latinoamérica.
En una concordancia con los nuevos tiempos de cuidado y respeto por el medioambiente, el formato
de la revista pasa de tener un papel couché, tamaño 23×30, a un papel hilado, tamaño carta (21,5×28 cm). Se produce aquí un doble ahorro de papel, tanto por el tipo elegido como por sus nuevas dimensiones. A lo anterior se suma el cambio de la tipografía por una que utiliza la mitad de tinta al imprimir y, por lo tanto, aporta también en sustentabilidad.
En Chile, el rescate del patrimonio gráfico de portadas ha cobrado importancia, lo que evidencia un reconocimiento a su valor visual-histórico. Una revista que se ha publicado durante 110 años no solo es testigo del acontecer nacional e internacional; también su diseño y estética constituyen un legado patrimonial que es relevante resguardar.
En la actualidad, las revistas enfrentan una crisis del formato impreso: muchas han migrado a la digitalización de sus contenidos, lo que ha cambiado la función de la portada. Ya no debe ser solo de estantería, sino también dialogar con el mundo digital, las pantallas, redes sociales y móviles.
En Chile, el rescate del patrimonio gráfico de portadas ha cobrado importancia, lo que evidencia un reconocimiento a su valor visual-histórico. Una revista que se ha publicado durante 110 años no solo es testigo del acontecer nacional e internacional; también su diseño y estética constituyen un legado patrimonial que es relevante resguardar.