• Por Nicolás Lazo Jerez
  • Periodista Revista Universitaria

Cultura

«Calurosa Navidad»: un poco de aire fresco

La situación resulta curiosa y hasta un poco inquietante: durante los días previos a la Navidad, en medio de un calor sofocante, alguien en algún rincón de Chile o de Latinoamérica ve una película sobre cómo, durante los días previos a la Navidad, un pueblo que tiene mucho de Chile y de Latinoamérica vive en medio de un calor sofocante. Pero 31 minutos, el noticiario protagonizado por títeres que lleva más de dos décadas revolucionando la pantalla, nos tiene acostumbrados a este tipo de experiencias autorrecursivas: el planeta que ha construido es, de cierto modo, un reverso preciso, hecho con telas e hilos, de nuestra idiosincracia nacional y regional.

La cinta Calurosa Navidad, estrenada el 21 de noviembre en Prime Video, comienza en tragedia: ante las altísimas temperaturas que azotan Titirilquén, Santa Claus anuncia vía conferencia de prensa que no contemplará a esa localidad en su distribución anual de regalos. Luego de una rápida y fallida búsqueda de un mecanismo que refresque el ambiente, en la que no faltan las alusiones al calentamiento global, la comunidad afectada decide, a instancias del veleidoso rostro estrella Tulio Triviño, enviar a uno de sus integrantes tras los obsequios hasta el mismísimo Polo Norte. El emisario elegido es el periodista Juan Carlos Bodoque, cuya misión enfrentará no pocos desafíos, incluida su afición por apostar en las carreras de caballos.

El planeta que ha construido 31 minutos es, de cierto modo, un reverso preciso, hecho con telas e hilos, de nuestra idiosincracia nacional y regional

La trama constituye una versión extendida de la historia del track “El arrepentimiento de Juan Carlos Bodoque” (31 canciones de amor y una canción de Guaripolo, 2004), donde el reportero a cargo de la Nota Verde lamenta sentidamente haber perdido los regalos de sus amigos por culpa del juego, “esta maldita enfermedad que no me abandona”. Además de aquel intertexto, todo en Calurosa Navidad resulta reconocible para los fans. Ahí está el humor tan cáustico como ingenuo, las melodías pegajosas, los juegos de palabras, los diálogos delirantes y una dirección artística por la que valdría la pena ver la película más de una vez.

En las actuaciones, si acaso aplica esa categoría en el caso de las marionetas, destacan el atribulado Bodoque, un providencial Guaripolo y el tierno Hielito, un exasesor de Santa Claus en Asuntos Calurosos que, para efectos de la cinta, oficia de narrador in extrema res. A esto habría que agregar un cameo de la cantante Julieta Venegas que, aunque un tanto desaprovechado, aporta un memorable cover de “Mi muñeca me habló”.

El final predecible, así como la desconcertante ausencia de Calcetín con Rombos Man, no alcanzan a opacar, por fortuna, aquella mezcla de originalidad y desparpajo que a lo largo del tiempo ha hecho de 31 minutos una bocanada de aire fresco dentro de los contenidos para niños. En el año en que selló una aplaudida presentación en el show estadounidense “Tiny desk”, el universo creado por Álvaro Díaz y Pedro Peirano demuestra, de nuevo, su mérito principal: una capacidad desarmante para relatar, mediante el arte milenario de los títeres, lo virtuoso, lo miserable y lo hilarante de la condición humana.