Chiloé según Coloane: un naufragio por sus paisajes literarios
Así como un sobreviviente que logra narrar su encuentro con la hondura del paisaje, en la obra del escritor Francisco Coloane aparece, una y otra vez, el narrador en busca de las profundidades, misterios y límites del territorio, para recuperar en la escritura aquellas memorias que parecen perdidas en la hostilidad del paisaje.
El archivo personal del autor, donado a la universidad en 2023, presenta el testimonio del archipiélago al abrir el universo de referencias, prácticas, lecturas y rituales implícitos en la creación artística.
Los vínculos entre Chiloé y el escritor chileno Francisco Coloane (1910-2002) son de carácter biográfico, pero también se manifiestan frecuentemente en el mundo narrativo del autor. El escritor nació en Quemchi, localidad que generó en él una sensibilidad particular ante el paisaje local que su escritura registra a modo de testimonio. Incluso cuando se trata de cuentos, es decir, de ficciones, la voz narrativa simula ser la de un sujeto testigo apegado a la referencialidad del lugar. De este modo, el texto genera un efecto de veracidad, ya que todo lector o lectora familiarizado con Chiloé puede reconocer el territorio por medio de su paisaje.
¿Cómo Coloane construye y mira el paisaje chilote? ¿Por qué cultiva el paisaje como herramienta para determinar su tierra natal?
Una revisión del cuento titulado “Estelas del Caleuche”, cuya fecha de publicación no hemos podido determinar, pero que la edición de Cuentos completos, de 1999, ha incorporado al libro Golfo de Penas, podría esbozar algunas posibles respuestas. A nivel del argumento o trama, el relato destaca por su aparente sencillez: un grupo pequeño de personas conocidas entre sí, dentro del cual se encuentra el personaje narrador, se dirige a Cucao en la lancha “Rosario del Carmen”, a través del lago Huillinco. Es verano y el narrador dará cuenta de una jornada en la cual el grupo visita la Cordillera de Pirulil.
Este breve viaje o paseo despoja al cuento de cualquier tono épico. Se trata más bien de un conjunto de anécdotas, no entrelazadas entre sí, que destacan con cierto humor el color local y el carácter de los habitantes. No obstante, la mirada narrativa configura un paisaje variado a través de una descripción que se caracteriza por comparaciones, determinación cromática y cierto rigor científico. En efecto, pese al lenguaje aparentemente liviano y cargado de oralidad, el texto es denso en léxicos propios de algunas disciplinas como, por ejemplo, la geografía. Llama también la atención cómo la mirada del narrador y autor transita desde lo grande a lo más pequeño, desde lo orgánico a lo inorgánico, de lo vivo a lo muerto, generando así un paisaje con cuyas imágenes se relata una historia natural de lo visible. Veamos algunos ejemplos de lo anterior.
En primer lugar, el color y movimiento del mar son comparados con los mismos cetáceos que lo habitan: “El Pacífico estaba deslumbrante de sol. Las fuertes revesas de la corriente de Humboldt remolineaban a contraviento de travesía y semejaban entreverados coletazos de toninas blancas, ballenas azules, oscuras orcas y cachalotes verde botella, color característico de la gran corriente que deriva a cinco o seis millas por día, reproduciendo el vergel de su rico plancton de copépodos desde las islas de Chiloé hasta las de las Galápagos” (208). Esta comparación es también el resultado de una apropiación del comentario de un compañero de viaje, indicando así el carácter dialógico, colectivo y comunitario del paisaje:
“Uno de los pasajeros, Francisco Mansilla, al ver por primera vez movedizas colinas oceánicas, exclamó asombrado:
—¡Si parecen ballenas peleando!
—Le voy a robar esa hermosa imagen de las ballenas peleando en el mar –le advertí a mi amigo”.
El paisaje de Pirulil será descrito a partir de los leones marinos, cuyos movimientos permiten al observador y narrador, quien desplaza su mirada desde lo alto hacia lo bajo, determinar en primer lugar el volumen de las rocas sobre las cuales estos mamíferos duermen, y luego, el tipo de línea que traza la orilla del mar: “Estos se lanzan al mar desde las cornisas rocosas, asustados por los ruidos de los motores de aviones que perturban sus plácidos sueños (…) Pirulil es un morro con fuertes ribazos y algunas rocas salientes; la costa corre casi recta, cortada a pique e interrumpida a trechos por playas arenosas; pero no ofrece abrigo ni para los botes” (209-210).
La determinación cromática logra alcanzar su máxima expresión en la imagen sobre la cual lo inorgánico y lo orgánico se superponen hasta alcanzar una síntesis. Gracias a esta, la pesadez de la roca logra generar, paradójicamente, un efecto visual de liviandad: “Caminando, llegamos a un paredón rocoso semejante a una gigantesca pizarra escolar, aislado entre la playa y el mar. Las grandes olas, que vienen de a tres después de las chicas, irrumpían en la proa del alto muro de arenisca terciaria solidificada, tratando de erosionarlo. En su lomaje crecían bromelias, enredaderas y líquenes costeros que alivianaban la pesantez de la piedra. Sus costados con tonalidades ocre, verdes y rojizas, veteados por limaduras acercas de micaesquistos, blancos cuarzos que a veces se confunden con caracolillos fosilizados. En pequeñas oquedades anidan esos pájaros costeros, los pilotos, de plumaje gris piedra” (211). Vegetales y líquenes, pájaros y roca, lo sólido y lo líquido, estabilidad y fluidez. Tal diversidad se unifica gracias a una representación en la cual la comparación ha limado las distancias de las realidades originalmente polarizadas.
Las fuentes de una historia natural no se exponen aquí en museo alguno, sino que son parte del paisaje e. Interrumpiendo la planicie de una playa, dos osamentas de inmensas ballenas serán descritas con rigurosa precisión, pero también, dada la imposibilidad de comparación, por medio de referencias bíblicas:
“No hay sobre la tierra quien se le parezca, animal exento de temor, creado para que jugase en el grande y anchuroso mar, de corazón duro como la muela de abajo –le dije a Mansilla con tono recitativo, evocando el fragmento bíblico en que Jehová le describe a Job el Leviatán” (212).
El paisaje y la historia natural comparten la escritura o, al menos, un conjunto de signos impresos, aunque pasajeramente, sobre la superficie de la tierra o del mar:
“Apartándonos de esta fantasmagoría y de los arenales que empezaban a convertirse en dunas, volvimos a caminar por entre las resacas, donde el piso de arena se vuelve más duro, hacia la desembocadura del río Cucao. Huellas de pájaros, animales y hombres, relavadas por las espumas de la bajamar que aún no llegaba a su estoa, dibujaban rombos, trapecios y poliedros sinuosos y multicolores que el sol continuaba iluminando y apagando con sus juegos de luces en el atardecer” (213-214).
Sistema de huellas con las cuales se dibuja una escritura, el paisaje indiferencia lo humano de lo no humano, por cuanto ambas realidades son solo ausencias o presencias del pasado que dejaron su marca (huellas) sobre la arena reluciente. De igual modo, esta descripción paisajística de Coloane borra la diferencia entre el material verbal y la imagen visual. ¿No es acaso en esa indiferenciación donde identificamos el carácter interdisciplinar e intermodal del paisaje?
“Estelas del Caleuche” utiliza el mito del barco fantasmal para recordarnos el pasaje que todo paisaje recorre desde la cultura a la naturaleza o, por el contrario, desde la naturaleza a la cultura. El cuento termina con un regalo; Ana María, una de las integrantes de la familia Chodil que extrae escasa y artesanalmente oro en las orillas del mar, le hará entrega al protagonista narrador de una pepa de oro amalgamado: “La conservo como un tesoro, no por su valor, sino porque en ella se cuajan los resplandores nocturnos de Ana María, sumergida en las estelas del Caleuche, que todo chilote lleva en la intimidad de la muela de abajo y sobre los párpados del corazón” (215). La expresión escrita en el original en cursivas ya había sido utilizada para describir el corazón de las ballenas. De este modo, cetáceos y habitantes de Chiloé comparten corazón duro, pero vidente, puesto que este órgano tiene párpados como los ojos. No solo los afuerinos ven paisaje, sino también los habitantes oriundos del lugar. Es así como Francisco Coloane, representado autoficcionalmente en el cuento como un viajero que visita la isla, recupera su lugar de nacimiento, volviéndose otra vez natural de este.
El constante retorno literario de Coloane al paisaje del sur austral, y en particular al archipiélago de Chiloé, se hace tangible en el correlato de su obra publicada, que es este archivo de manuscritos… La constancia de este registro se condice con su formación autodidacta como escritor.
Testimonios de una historia (*)
El archivo del escritor Francisco Coloane fue entregado en comodato al Centro de Estudios de Literatura Chilena (CELICH UC) en noviembre de 2023 por el hijo del escritor, Juan Francisco Coloane. Está compuesto por sus cuadernos de notas, borradores, recortes y fragmentos de textos del autor. Los manuscritos que constituyen este importante patrimonio literario dan cuenta del proceso creativo del escritor y, a su vez, nos hablan sobre la práctica literaria y el oficio de un escritor del siglo XX. El archivo personal del autor presenta el testimonio de una historia y un lugar particular, al abrir el universo de referencias, prácticas, lecturas y rituales implícitos en la creación artística.
El constante retorno literario de Coloane al paisaje del sur austral, y en particular al archipiélago de Chiloé, se hace tangible en el correlato de su obra publicada, que es este archivo de manuscritos en los que el autor plasma, durante más de treinta años, ideas de textos, reflexiones personales, estudios, anotaciones, borradores y proyectos literarios. La constancia de este registro se condice con su formación autodidacta como escritor. Hay un impulso vital en sus manuscritos, un oficio de escritor tangible que se desarrolla, se corrige y se sitúa en estos documentos que le acompañan en el día a día.
Más allá del volumen publicado, el archivo autoral establece un vínculo entre la biografía del escritor y la obra literaria que permite situar el texto, cartografiar sus trayectos, reconstruir su materialidad. Al leer los títulos de los cuadernos de trabajo de Coloane aparecen algunos que se repiten, sus temas recurrentes. Algunos son: las navegaciones, Chiloé, la Antártida y otros que parecen dar pistas sobre algo más profundo y transversal en su obra.
Es el caso de los naufragios: “Navegaciones y naufragios”, “Sobre naufragios y rescates en el Cono Sur”, “Litoral de naufragios” y “Travesías y naufragios” son algunos de los títulos que el autor da a sus cuadernos y que nos revelan su interés por esta figura de la pérdida, del aislamiento y del accidente, implícita en el naufragar. El náufrago del mar austral invoca la supervivencia en medio de un paisaje rudo y hostil y, a su vez, el hacerse parte, quedar aislado e integrado a la inmensidad del océano. El náufrago es un viajero extraviado que se adentra en el corazón del paisaje circundante de un modo dramático, en condiciones extremas.
En estos cuadernos encontramos apuntes en los que el autor recopila diferentes historias de naufragios. En algunos de estos menciona embarcaciones cuyos siniestros fueron registrados en actas o informes navales, en otros, rastrea el origen de leyendas como la más emblemática del Caleuche, e indaga en naufragios que identifica como “anónimos, tan comunes en los canales de Chiloé y que quedan ignorados por falta de comunicaciones y la indiferencia por la estadística o por no volver los tripulantes a sus hogares” (Cuaderno 118, “Litoral de naufragios”).
Estos registros nos hablan de un interés por parte del autor de recuperar una memoria particular de su lugar de origen. Experiencias que dan cuenta de la sinuosidad del paisaje y del constante vaivén entre la lucha, la exploración y la comunión con la dureza de dicho entorno natural. Así como el náufrago sobreviviente que logra narrar dicho encuentro con la hondura del paisaje, en la obra de Coloane aparece una y otra vez el narrador en busca de las profundidades, misterios y límites del territorio, para recuperar en la escritura aquellas memorias que parecen perdidas en la hostilidad del paisaje.
(*) Los documentos se encuentran digitalizados y disponibles para consulta en el sitio Archivos Patrimoniales UC (archivospatrimoniales.uc.cl).
(208–215) “Estelas del Caleuche”, en Coloane, F. (1999). Coloane, Cuentos Completos. Alfaguara.
Tierra natal.
En la obra de Coloane aparece el narrador en busca de las profundidades, misterios y límites del territorio, para recuperar en la escritura aquellas memorias que parecen perdidas en la hostilidad del paisaje. Fotografía AFP.