Eugenio Garcés: pionero de los paisajes culturales
La Tierra no es solo un recurso, ni un repertorio de medioambientes, ni tampoco un escenario. Muy intervenida por el ser humano, en ella se formaron valiosos paisajes culturales, como es el caso de Chiloé. Esta es la realidad que motiva a este arquitecto, quien, con motivo del Bicentenerio, participó en un libro multidisciplinario que presenta, a través de seis autores introductorios, y de 25 autores de capítulos, la enorme riqueza de la zona.
Arquitecto especializado en territorios en los cuales la acción humana es muy visible, o puede constituir un riesgo, el académico Eugenio Garcés Feliú ganó un prestigio temprano gracias a sus estudios de las ciudades del salitre, las ciudades del cobre y la Patagonia, en particular de Tierra del Fuego.
Formado en la Universidad de Chile, su postgrado lo llevó a la Universidad Politécnica de Cataluña, en Barcelona, en el cual desarrolló su tesis doctoral sobre las ciudades del salitre de la región de Antofagasta. Fue entonces cuando su tutor, Joan Busquets, le sugirió hablar con el Premio Nacional de Urbanismo español Joaquín Sabaté. Fue una feliz sugerencia, porque su visión de los paisajes culturales, más amplia que la del creador del término –el geógrafo estadounidense Carl Sauer–, apuntaba a las huellas del trabajo en el territorio, vistas como “un memorial al trabajador desconocido”. Ello fue muy fecundo como un instrumento para reforzar las identidades de una comunidad, además, servía para entenderlos como herramientas para contribuir con la ordenación de los territorios. Algo que Garcés, con los años, había visto que faltaba en Chile. Sabaté se entusiasmó con lo que venía haciendo el chileno, considerando que su trayectoria ya correspondía a la definición de paisajes culturales.
Se hicieron amigos: el español le prestó su casa de veraneo en el Mediterráneo, y el chileno lo trajo a recorrer los territorios icónicos del país, en particular, Tierra del Fuego. Garcés los había estado investigando con sus alumnos de pregrado y postgrado, lo que dio origen a un libro que el Ministerio de Educación adquirió y repartió en los establecimientos públicos: Chile, paisajes culturales (Ediciones UC, 2022).
Al advertir que se acercaba el Bicentenario de la anexión de Chiloé al país, Garcés decidió –dada la riqueza de ese territorio– invitar a escribir un libro a un conjunto amplio de especialistas que permitieran abordar el máximo de sus rasgos identitarios y culturales. El libro se lanzó recientemente en Chiloé.
“En Chiloé no les gusta hablar de mestizaje. Por eso, nos referimos al sincretismo cultural que ahí se produjo, concepto que no enfatiza la mezcla sino la creación de algo nuevo, a partir de las diversas vertientes culturales que convergen en Chiloé”.
En “bordemar”
Como todo profesor de la Escuela de Arquitectura, Eugenio Garcés tiene su oficina en el campus Lo Contador de la UC, el que, como casco de una antigua hacienda del siglo XVIII que ha recibido a varios edificios contemporáneos en sus patios, es también un paisaje cultural. Es un sitio de huellas y memorias que se prolonga hasta el presente, y que ha requerido un cuidado orden territorial para no perder su identidad.
Desde un comienzo se refiere a la importancia del lenguaje: “En Chiloé no les gusta hablar de mestizaje. Por eso, nos referimos al sincretismo cultural que ahí se produjo, concepto que no enfatiza la mezcla sino la creación de algo nuevo, a partir de las diversas vertientes culturales que convergen en Chiloé”. A su juicio, esto se debe a que los jesuitas llegaron hablando las lenguas locales, lo que les permitió adentrarse en sus creencias, mitos y leyendas: “Con su evangelización, los mismos carpinteros de ribera se transformaron en constructores de iglesias”, cuenta.
—Había un importante nomadismo en sus habitantes. Los chonos avanzaron hacia el sur y los huilliches hacia el norte.
—Es mucho más de lo que se cree. Siempre aportaron a la Patagonia en la construcción de las edificaciones de las estancias, sus casas y galpones de esquila. Además, eran hábiles en el manejo de las ovejas y su esquila.
—¿Cómo llegan a esa cultura de mar y tierra, de “bordemar”?
—La relación con el “bordemar” nos habla de un concepto diferente: el ecotono. Se refiere a que mar y tierra se integran de tal manera que surge algo diferente, que no es ni lo uno ni lo otro. Sin embargo, es una situación de riesgo hoy en día, por los cambios en las mareas, relacionados con el cambio climático.
—Y las nuevas generaciones, ¿cómo viven ese fervor religioso que llevó a tener tantas iglesias y tantos laicos involucrados?
—Sigue siendo algo que está en el centro de la vida de los chilotes. En 2024, fui a la fiesta del Nazareno de Caguach, con una procesión que se realiza en una gran explanada de 500 metros de largo. Días antes se hace una carrera de botes –una “Preba”–, y la tripulación ganadora, de seis remeros, es la que tiene el honor de portar la imagen. Esta es pesadísima, por lo que la ida y vuelta, en ese espacio, produce un cansancio que genera un éxtasis místico en los portadores. Ellos son apoyados por los músicos, con acordeones, guitarras, incluso violines, y un pito que va marcando el ritmo. Es una fiesta sincrética, por un lado, cristiana, pero con elementos de expresión colectiva que ya estaban en la zona.
Demandas del Bicentenario.
Eugenio Garcés explica que, al tener su cultura y tradiciones en riesgo, los chilotes sienten que el Estado no los ha defendido frente a las presiones de la industria, el comercio, el turismo; además, resienten que las demandas de 1926 siguen presentes. Fotografía Karina Fuenzalida.
La epifanía de la naturaleza
Garcés va y viene. Es un hombre de terreno. Dice que todo comenzó un día de verano, en el sur maulino, cuando ingresó a un bosque en el que serpenteaba un estero. Amarró el caballo y, al ver un pequeño puente de troncos sobre el agua, se sentó ahí, con los pies colgando sobre el estero. Experimentó de pronto una plenitud que nunca había sentido. Una epifanía que le entregó la naturaleza, un amor físico y emocional que, a los 12 años, lo marcó para siempre.
Muchos años después, al trabajar en la Patagonia, recibió una invitación para ir a conocer el extremo sur de América, el Parque Nacional Yendegaia, Cabo de Hornos. Sin comodidades, navegando en el mar abierto y por el canal Beagle, desembarcaron en la antigua estancia y pasó unas semanas en las que revivió esa experiencia: “Un amor intenso por el mundo visible”.
Después de esa vivencia, empezó a investigar en profundidad Tierra del Fuego con grupos de alumnos. Los viajes a terreno lo llevaron a reconocer también esa plenitud de la naturaleza; y el estudio de las estancias, que contribuyeron a un ordenamiento territorial, permitieron la adaptación de la acción humana y la construcción de nuevos paisajes: “Hemos recorrido casi toda Tierra del Fuego, entre un grupo y otro, caminando”.
A Joaquín Sabaté, el experto español, lo incorporó en un Proyecto CORFO de Magallanes sobre el turismo de intereses espaciales. La idea era financiar viajes a lugares semejantes a Magallanes, en otras partes del mundo, para conocer sus experiencias. Sin embargo, se propuso traer acá a expertos como Sabaté y Dennis Frenchman del MIT, asesor de los Parques Nacionales de Estados Unidos: “Sabaté ya había estado y Frenchman quedó sorprendido. Al final del viaje, declaró que nunca había tenido una experiencia de naturaleza tan fuerte como la que experimentó en Tierra del Fuego”.
Las investigaciones patagónicas terminaron en manos de las autoridades, para orientar las estrategias de desarrollo en la región, lo que resultó “muy estimulante”, afirma. De ahí que, al advertir la cercanía del Bicentenario de la anexión de Chiloé a la República de Chile, decidiera participar –como contribución de la UC a la efeméride– en un gran trabajo multidisciplinario, editado con Ximena Arizaga –con vasta experiencia en proyectos territoriales como Copiapó y Valparaíso– y Macarena Cortés, directora del Centro del Patrimonio Cultural UC y experta en patrimonio y turismo. El libro Paisaje cultural de Chiloé (Ediciones UC, 2026) es un notable recorrido que, a través de seis autores introductorios y de 25 autores de capítulos, presenta la riqueza de la zona.
Sin embargo, no todo en este texto alude a una celebración. La doctora en Antropología Social, Giovanna Bacchiddu, quien permaneció dos años en Chiloé para registrar las percepciones de la población local, entrega un testimonio acerca de “la modernización”, expresada en la industria salmonera, el mall de Castro y el Puente de Chacao: “Con su cultura de la madera, ellos conocen del valor de la lenga, por ejemplo, semipreciosa, o del ciprés de las Guaitecas, los que pueden correr peligro al perderse el carácter aislado del Chiloé insular. De la misma forma, las conocidas ‘veleras’ (embarcaciones con nombre femenino, de larga tradición en Chiloé) han ido desapareciendo, y ahora solo queda una en Hornopirén, según el artículo de Claudio Pino”, explica Garcés.
—¿Cómo perciben este Bicentenario?
—Los chilotes preguntan sobre el Plan Bicentenario 2026. Por una parte, al tener su cultura y tradiciones en riesgo sienten que el Estado no los ha defendido frente a las presiones de la industria, el comercio, el turismo; por otra, resienten que las demandas de 1926 siguen ahí, con un buen hospital y unos pocos caminos… El monolito del Centenario es hoy una ruina olvidada.
Por lo mismo, quisimos –como universidad– aportar a Chiloé con estas investigaciones al cumplirse el Bicentenario, y también entregarlo a las autoridades y a las comunidades al hacer la presentación del libro allá mismo, en el mes de enero, en la Biblioteca Municipal de Castro y en el Liceo Bicentenario Insular de Achao.
Lo dejamos en su oficina, la que delata sus salidas continuas a terreno. En un gimnasio cercano se entrena para subir este verano el Monte Tarn, el que desde lo alto permite contemplar, en 360 grados, el Estrecho de Magallanes, la Isla Dawson y la Cordillera Darwin, llamado así en homenaje al naturalista inglés que también anduvo ahí en 1834. Otro lugar para vivir una experiencia plena en la naturaleza.
“Con su cultura y tradiciones en riesgo, sienten que el Estado no los ha defendido frente a las presiones de la industria, el comercio, el turismo; por otra, resienten que las demandas de 1926 siguen ahí, con un buen hospital y unos pocos caminos… El monolito del Centenario es hoy una ruina olvidada”.
Paisaje cultural: La huella del hombre en la naturaleza
“Los paisajes culturales surgen en un determinado grupo social, y es parte de una cosmovisión que aporta a la concepción de la naturaleza como un hecho divino, sin injerencia humana… Se expresa bajo la forma de una realidad geográfica compleja, en la que el paisaje resulta ajustado con la cultura y la disponibilidad tecnológica, y funciona de una manera percibida y simbólica, creando un complejo sistema con niveles de calidad de vida y sostenibilidad. Para Joaquín Sabaté, ‘el paisaje cultural es un ámbito geográfico asociado a un evento, a una actividad o a un personaje histórico, que contiene valores estéticos y culturales… es la huella del trabajo sobre el territorio, algo así como un memorial al trabajador desconocido”.
De acuerdo con Carl Sauer, el paisaje cultural es creado por un grupo cultural a partir de un paisaje natural, el que proporciona los materiales a partir de los cuales es formado el paisaje cultural”.
Fuente: Garcés, E. (2022). Chile. Paisajes Culturales.
Santiago: Ediciones UC.
Para leer más
• Garcés, E. (2022). Chile. Paisajes Culturales. Santiago: Ediciones UC.
• Yourcenar, M. (1989). Cuaderno de notas a las Memorias de Adriano.
• Sabaté, J. y Galindo, J. (2009). El valor estructurante del patrimonio en la transformación del territorio.
• Sauer, C. (1925). “La morfología del paisaje”. University of California Publications in Geography. Vol. 2, No. 2, pp. 19-53. Traducción de Guillermo Castro H.