• Por Nicolás Lazo Jerez
  • Periodista de Revista Universitaria

Letras

Pablo Maurette, escritor argentino : “Veo a todo el mundo muy cuidado de no ofenderse”

El autor de El contrabando ejemplar, la novela ganadora del Premio Herralde 2025, dice que, en el mundo literario, “las críticas negativas ya casi no existen” porque, en una de esas, “ofendes a alguien que mañana te puede invitar a un festival o te puede publicar”. Aquí, habla sobre sus primeros cuentos (“No eran buenos”), la poca preocupación que le despierta la inteligencia artificial y sus cambios de opinión, que defiende: “Estuve cerca de creerme el relato de víctima de ciertos escritores varones”.

Pablo Maurette da un sorbo al café, deja la taza sobre el platillo y, mientras esboza una media sonrisa, admite:

—Es la primera vez que vengo a Santiago.

Arranca una mañana de mediados de agosto. Alrededor, se oye el zumbido de las conversaciones que cruzan el primer piso del Hotel Sheraton. La tarde de ayer, Maurette participó, en el Campus Lo Contador UC, en una nueva edición del ciclo “La ciudad y las palabras”, organizado por el Doctorado en Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos. Ahí, el escritor pronunció la conferencia “Buenos Aires, ciudad eterna”, sobre el papel fundamental del espacio urbano en la producción de historias.

Tras la confesión inicial, agrega que, durante estos días en la capital chilena, la presencia imponente de la cordillera de Los Andes no deja de impresionarlo.

—Vengo de Buenos Aires, una ciudad chata, donde no hay horizonte, sino solo el cielo.

—¿Y cómo se vive en una ciudad sin horizonte?

—Si bien es una ciudad ordenada, resulta totalmente posible perderse. Es imprescindible aprenderse los nombres de las calles. Muchas cambian de nombre cuando cruzan la Avenida Rivadavia. Por ahí, es un conocimiento más verbal. No hay ningún punto de referencia ineludible, geográfico, que pueda orientar.

Algo de esa desorientación trasandina se deja caer en El contrabando ejemplar (Anagrama, 2025), su novela más reciente, donde un aspirante a escritor –Pablito– decide apropiarse del manuscrito inconcluso que su mentor –Eduardo– dejó al morir. El texto aborda el comercio furtivo que marcó el siglo XVII argentino, tan bien gestionado que, precisamente, recibió el nombre de “contrabando ejemplar”. La pregunta que sobrevuela la trama es cuándo, si acaso algo así puede fecharse, las cosas en Argentina empezaron a torcerse.

—Hubo un momento en que era un país muy rico, pero, al mismo tiempo, era un país muy desigual. Había gente en el campo en una situación de miseria. No había voto femenino. No me parece un escenario ideal para añorar. Igual, la gente tiene esa tendencia a creer que todo tiempo pasado fue mejor. En realidad, todo tiempo pasado sí fue mejor, porque uno era más joven, estaba más sano y tenía más energía vital. Se entiende el impulso nostálgico.

Él mismo podría experimentar nostalgia por un Buenos Aires donde no vive desde hace 22 años. Pero va al menos una vez al año, lo que lo mantiene al tanto.

—Nunca me alejo demasiado. Aunque, cada vez que vuelvo, noto diferencias. Lo que más me gusta es aprender nuevas formas de decir, cómo va cambiando el habla.

—Parece haber una disonancia entre el capital económico, siempre inestable, y el capital cultural.

—Puede ser. Argentina siempre se las tiene que rebuscar, y eso, por ahí, te vuelve más ingenioso. Por otra parte, Buenos Aires es un puerto, y la moral de la persona del puerto es más flexible, porque tiene que comerciar con todos: no puede darse el lujo de no hacerlo por cuestiones ideológicas. (…) Lo que sí sé es que, cada vez que voy a Buenos Aires, me impresiona el entusiasmo por la lectura. Van escritores de afuera y la gente hace colas de tres cuadras. En ese sentido, la ciudad está muy viva.

En realidad, todo tiempo pasado sí fue mejor, porque uno era más joven, estaba más sano y tenía más energía vital. Se entiende el impulso nostálgico

Buscando una voz

El autor de El contrabando ejemplar nació en aquel puerto en 1979. Escribió cuentos, recuerda, desde que tuvo uso de razón. Su padre, que tenía una imprenta, se los imprimía y encuadernaba. “Creo que nací así”, resume, con el tono de quien se refiere a una condición médica. Durante la adolescencia, aparecieron las típicas lecturas fundacionales –Crimen y castigo, El lobo estepario, Rayuela, Siddharta– y un convencimiento de que la literatura podía ser algo significativo. Pero, por años, no consideró la posibilidad de dedicarse a ella.

—No se me ocurría que pudiera llegar a eso. La idea de un escritor era muy lejana para mí. Por mucho tiempo, no me gustaba lo que escribía. Y me parece bien no haber publicado todo esos cuentos, porque no eran buenos, la verdad. Lo más importante para mí fue ese momento en que me sentí a gusto y genuino con mi voz narrativa.

Una vez que eso ocurrió, los títulos comenzaron a sumarse: Maurette ha publicado los libros de ensayo El sentido olvidado (2015), La carne viva (2018), Por qué nos creemos los cuentos (2021) y Atlas ilustrado del cuerpo humano (2023), así como las novelas La migración (2020) y La niña de oro (2024). El contrabando ejemplar, en tanto, obtuvo el prestigioso Premio Herralde de Novela.

—Hay que ver qué pasa con los años. Ciertos libros pueden tener vidas muy largas. El Premio Herralde garantiza una tirada grande y una mayor visibilidad. Entonces, habrá muchos ejemplares dando vueltas. Después, aparecerá otro Premio Herralde y… ya estás en el pasado.

Sin horizonte

Sin horizonte

"Vengo de Buenos Aires, una ciudad chata, donde no hay horizonte, sino solo el cielo", dice Maurette. "Si bien es una ciudad ordenada, resulta totalmente posible perderse"

A Pablo Maurette no le preocupa la inteligencia artificial “en lo más mínimo”. La usa, dice, para lo que no le gusta hacer, “como una calculadora gigante”, aunque cree que, “tarde o temprano, reemplazará a la traducción“. Lo que sí advierte es que los estudiantes universitarios, a quienes imparte clases en Italia y en Estados Unidos, leen y escriben cada vez menos a causa de esta tecnología.

—Por ahí leen por placer, pero cuando tienen que hacerlo obligados, muchas veces usan los resúmenes de la inteligencia artificial. Personalmente, perdí un poco el interés en dar clases.

—En este contexto de automatización, ¿aún son necesarios los intelectuales públicos?

—Creo que hoy las cosas son un poco distintas. El intelectual público me parece importante cuando habla directamente y de manera incómoda a sus pares. Si yo, como escritor, hablo mal de la iglesia, no aporto nada, porque todos los escritores hablan mal de la iglesia. En cambio, si hablo de alguna crisis de la industria literaria o del amiguismo que domina el mundo de la crítica, donde nadie quiere ofender, estaría jugándome que mis colegas me condenen al ostracismo. Si no te vas a jugar en serio, ¿de qué sirve que te la juegues?

—¿Hay gente que se arriesga en esos términos?

—Muy poca. Uno quiere tratar de subsistir, de vivir de lo que hace. Es un mundo muy chiquito: ofendes a alguien que mañana te puede invitar a un festival o te puede publicar. Entonces, veo a todo el mundo muy cuidado de no ofenderse. Las críticas negativas ya casi no existen. No sé si es bueno o malo, pero es así. Y yo tampoco tengo un temperamento… No sé, cambio mucho de opinión.

Maurette argumenta que la opinión es, además, “bastante privada”:

—Si lo único que ves de una persona es una opinión que te resulta repugnante, es muy fácil odiarla. Es lo que pasa en las redes: la gente se odia solo basada en ciertas opiniones sobre ciertas cosas. Si esas personas se conocieran, quizás esa diferencia dejaría de ser importante. Por eso, para mí, la opinión tiene más sentido en el ámbito privado. A no ser que uno se considere un intelectual y quiera influir sobre un tema, embanderarse y militar en algo de manera activa. Pero yo no soy así.

Novela laureada

Novela laureada

El contrabando ejemplar, de Pablo Maurette, obtuvo el prestigioso Premio Herralde de Novela 2025

—¿En qué asunto relevante ha cambiado de opinión?

—En algún momento, estuve cerca de creerme el relato de víctima de ciertos escritores varones que decían: “Hoy, el mundo literario está dominado por las mujeres. Es injusto. Hay escritores muy buenos que no tienen chance porque son varones”. Pero no tardé en darme cuenta de que no hay nada que hacer: cada vez publican más escritoras, y eso es bueno.

Dicho esto, ensaya una explicación:

—Las mujeres leen mucha más ficción. En cualquier club literario al que uno vaya, en cualquier país, los grupos son, en su mayoría, de mujeres. El hombre es más de leer sobre el submarino nazi o sobre la batalla de Stalingrado. Parece una cosa muy binaria. Obviamente, hay mil excepciones. Pero hay algo ahí. Las mujeres leen más ficción y a las escritoras les irá mejor: esa tendencia no va a revertirse. ¿Para qué victimizarse, protestar?

Para Pablo Maurette, el camino a seguir es simple:

—Uno tiene que seguir escribiendo.