A 40 años del hallazgo: murmullos del Chiribiquete
Una mancha roja avistada desde un avión por el arqueólogo y antropólogo Carlos Castaño, en la Amazonia colombiana, fue el inicio. Eran cerca de 70.000 pinturas rupestres que se encontraron de forma fortuita en el parque nacional Chiribiquete, declarado patrimonio cultural y biológico de la humanidad por la Unesco en 2018. Por su majestuosidad, este sitio arqueológico ha sido definido como la “Capilla Sixtina” de la arqueología en América Latina, con pinturas que datan hasta 20.000 años. Ante este testimonio ancestral de los pueblos originarios, develado en 1986, el premiado poeta Jaime Huenún escribió un poema que aquí se publica por primera vez.
Lo que alumbra es el amor de las serpientes,
las pinturas de las rocas y la niebla
en los húmedos abrigos del Chiribiquete.
Brilla el jaguar y se esconde,
te habla con su lengua áspera,
con la escritura andariega de su piel
en el tiempo fermentado de la selva.
Kaikusana
Majotoyana
Hiyanakoto
Chojone
Yakauyana
Hombre jaguar
Mujer pato real
Anciana de las candelas
Niño gavilán
Guagua de las hormigas
¿PUEDES OÍR MIS PALABRAS?
Que la piedra sea propicia para ti y para mí,
que la casa de las estrellas
no arda ni se congele.
Que del huevo del colibrí esmeralda
salgan la vida y la muerte aleteando
con las plumas del sol
y los fríos sueños de la luna.
Pero la vida nada tiene que ver
con nacer o morir.
Lo que vive viene de las manos
de los viejos y templados tepuyes,
y lo que muere queda detenido
en verdosas madreviejas,
picoteado por garzas y águilas arpías.
Los hombres estaban en tinieblas, no veían la luz.
En tinieblas subieron gateando
a la loma de alumbrar los ojos .
Y no era el primer día del mundo, niño-hormiga,
era el último.
En él crecimos, en él luchamos
por las vastas visiones de la piel.
Ahí pintamos sobre cuarzos ocres,
levitando
frente al caimán padre,
reptando
bajo la mojada anaconda voladora.
Y tú, guacamayo rojo amigo,
ninguna tiniebla viste
porque aunque el sol aún no existiera,
él vivía iluminado
por el cálido reflejo de tu corazón.
Antes de existir la tierra
ya teníamos hambre, blanco cauchero barbado.
Antes de existir la noche
ya teníamos hijos, fraile sin estrella ni cruz.
Antes de nacer el mal
ya había largos cantos sanadores
en la ardiente jungla inabarcable.
JISABAI KOMEKI NAGANOMO JIGIDONOITE
JISABAI KOMEKI IRI IRI DUAIDE
Mas, en todas partes
el dueño de la fiesta
encontró amargos
y pálidos delirios.
En todas partes
su alegre alma alucinada
confundió los amoríos
con una interminable cerrazón.
Eso pasa cuando tú,
veloz y oculto janallari,
ya no crees
en el poder de los viejos.
Eso pasa
cuando olvidas la palabra y el relámpago
de los durmientes sabedores.
Ahora entonces, nymy de los ecos y las frondas,
trepa al Tepuy nocturno
y contempla sus lejanos nacimientos
en la isla de leche de la noche.
Y YO VI A LOS ESPAÑOLES ECHÁNDOLES LOS PERROS.
Y YO VI A LOS SEIS SEÑORES DE CHOLULA
DESGARRADOS POR EL LEBREL.
Sí, porque ejaragarïko nai, ewë nejaraganë toto.
Umë tïya-joro, umë dijïrë.
Y más al centro, más al centro de la isla,
ellos bailaban,
muchos bailaban,
todos bailaban
para no rayar el caucho,
para volver a pintar.