• Por Miguel Laborde Duronea

Especial

Caminante de la historia

La ruta escogida por este autor para acercarnos a la historia de Chile fue muy original: la caminata. Elige mostrarnos el momento en que solo había geografía. Cuando el ser humano, al hollar el suelo, trazó los primeros senderos. Los changos del norte, costeros, se quedaron en esas sequedades. Nunca se sabrá por qué.

El agua estaba arriba donde no podían alcanzarla. Tuvieron que recogerla de las piedras inclinadas, por donde ruedan, escasas, las gotas de la camanchaca. Lecaros, peregrino de la historia, caminó por la seca Cordillera de la Costa para imaginarse –y nosotros con él– qué hizo que se quedaran ahí por miles de años.

El autor recorrió la mísera pestaña litoral de la costa norte, cerca de Taltal. Por ahí, en la quebrada de San Ramón, recientemente se descubrió la primera explotación minera de América, ocurrida hace unos 14.000 años, del óxido férrico que les permitirá pintar su mundo en las rocas. Ahí están dibujados sus contactos andinos para completar su dieta cruzando desiertos, y su genial invento de balsas de cueros de lobos infladas para navegar mar adentro. Lecaros nos conduce al Museo Augusto Capdeville de Taltal, dedicado a los “hijos de la niebla”.

El autor se traslada luego al interior para repetir el viaje de Almagro, y entrar con él al territorio. Por sobre los 4.500 metros, evocando la tormenta que mató a miles, en especial a indígenas costeros y africanos que no soportaron ese “bautismo de hielo”. Choligüín es el primer caserío que encontraron. Qué viaje…

Lecaros cita el poema de José Santos Chocano: “Era un camino negro./ La noche estaba loca de relámpagos. / Yo iba con mi potro salvaje/ por la montaña andina” (…).

Retrocede para explorar la biografía del líder de esa muchedumbre, y luego, aún más, hacia el Cusco y los incas para recorrer el imperio que se extendió hacia acá, como escribiera el conquistador español Pedro Cieza de León: “Por todas partes estaba el camino limpio, barrido, descombrado, lleno de aposentos, de depósitos de tesoros, de templos del sol, de postas”. Los Caminos del Inca abrieron el territorio para Almagro y luego Valdivia, el que seguirá adelante: siempre más allá, con “hambre de infinito”.

FICHA

FICHA

En busca de los comienzos de Chile. Juan Francisco Lecaros. Penguin Random House Grupo Editorial. 2025

El libro incluye la Ruta de la Plata, trazada para llevar mercurio hasta Potosí, insumo necesario para el proceso del fino metal. En esta parte, el texto se adentra en las cosmovisiones locales, las sabidurías ancestrales, en Tiwanaku y en Cusco, para entender este “cosmos andino que destila sacralidad”, esa geografía mística que luego reencarna en las iglesias barrocas.

Lecaros se detiene a revisar la violencia de conquistadores infames como los Pizarro, y también la labor de los 15.000 religiosos que llegan a América en el siglo XVI, para luego referirse a la fusión de espiritualidades en América, en especial con el barroco andino. De Cusco a Potosí es esa ruta, que luego sigue a Arica, cargada de arte cusqueño, quiteño y potosino.

Sigue otro cruce andino: el del Ejército Libertador. Otros personajes, otras ideas, otros senderos a los que nos invita el autor para dimensionar, rozar, lo que fue la empresa del Cruce de los Andes. Nos invita a acercarnos a San Martín, Bolívar y O’Higgins, esos tremendos viajeros, inagotables, que cambiaron la historia en apenas 15 años.

Un indígena le dijo a Augusto Grosse, el célebre explorador patagónico, que nunca podríamos conocer la tierra mientras no la camináramos descalzos. Lecaros se acercó a ese desafío.