• Revista Nº 186
  • Por Miguel Laborde Duronea
  • Ilustración: Paulina Bustamante

Especial

Antonio Spadaro: “La inteligencia artificial es una prueba para el alma”

Hombre de la cultura en el Vaticano (subsecretario del Dicasterio para la Cultura y la Educación de la Santa Sede), el padre Antonio Spadaro –quien antes ocupó el cargo de director de la revista La Civiltà Cattolica– no podía esquivar la principal controversia de la época: ¿cómo enfrentar la inteligencia artificial?

Cuando el actual subsecretario del Dicasterio para la Cultura y la Educación de la Santa Sede, Antonio Spadaro, dirigió La Civiltà Cattolica –la revista cultural italiana más antigua y vigente–, entre 2011 y 2023, a nadie le extrañó leer en ella notas sobre libros, música y cine. Y es que el padre Spadaro –escritor, periodista y doctor en Teología de la Universidad Gregoriana– es un referente a la hora de reflexionar sobre arte y cultura de nuestros tiempos.

Con lúcidos análisis sobre creadores que han marcado épocas, como Jack Kerouac, Sylvia Plath o Raymond Carver, hizo historia con su trabajo sobre el cine de su amigo Martin Scorsese, el que de joven consideró ser sacerdote y, más tarde, causó controversias agudas con la película La última tentación de Cristo (1988). En esta película aparece un Jesús atormentado por dudas y conflictos internos, tal como el hombre contemporáneo en gran parte del arte del siglo XX. Era una forma de acercarlo.

Tal como el Papa Francisco, a quien acompañó en viajes por todo el mundo, Spadaro no evade las tensiones culturales: le interesan. Como admirador de ese legado papal, replica ese mensaje cada vez que puede. Por ejemplo, rememora una frase entregada por Francisco en Yakarta, cuando afirmó ante un grupo de jesuitas: “El Espíritu nos impulsa a hacer ‘lío’, no a dejar todo quieto”. Fiel a ello, Spadaro –también jesuita– no trepidó en escribir artículos críticos contra Donald Trump, Steve Bannon y los católicos estadounidenses que los apoyan.

En julio pasado, Spadaro vino a Chile a hablar del mayor lío del tiempo presente: la inteligencia artificial.

Plantea una inquietud: ya no se trata de que la inteligencia artificial logre parecerse a la humana, sino al revés; que la nuestra comience a parecerse a la de la IA. Esa en la que la eficiencia tecnológica es el criterio de valor predominante y no el sentido de nuestra vida o la apertura a la trascendencia

INTELIGENCIA DESHUMANIZADA

En el Centro de Extensión de la Universidad Católica, con motivo del VII Seminario Internacional de Comunicaciones de Iglesia, que cada dos años reúne a obispos y personeros de toda América Latina –bajo el título de “Inteligencia artificial, dignidad humana y el reto de evangelizar en la era digital”– Antonio Spadaro tuvo a su cargo la charla magistral. En ella pronunció una frase que sintetiza su filosofía. Luego de comentar que se habla mucho de límites, normas y gobernanza, planteó que la pregunta fundamental es otra: “¿Qué efecto tiene la inteligencia artificial sobre el ser humano y, particularmente, sobre su vida interior?”.

Luego, indicó la necesidad de reflexionar en torno a las raíces culturales y espirituales de la transformación tecnológica, porque la IA es, a su juicio, “una prueba para el alma”.

Su viaje fue relámpago, pero tuvo a bien aceptar esta entrevista, lo que permitió ahondar en el tema, pero también plantearle otras inquietudes.

En cuanto a la IA, insiste en la necesidad de considerar “la dimensión espiritual de la persona”. Su crítica es profunda; le parece superficial que se esté considerando si la inteligencia artificial puede llegar a ser como la humana, cuando lo que estaría en juego es “si la inteligencia humana seguirá siendo humana” o si se deshumanizará.

Hace notar que la tecnología ya es “el aire que respiramos”. A estas alturas, no es una herramienta, sino “un entorno cultural que influye en la forma en que pensamos y en nuestra manera de entender el mundo”.

Plantea una inquietud: ya no se trata de que la inteligencia artificial logre parecerse a la humana, sino al revés; que la nuestra comience a parecerse a la de la IA. Esa en la que la eficiencia tecnológica es el criterio de valor predominante y no el sentido de nuestra vida o la apertura a la trascendencia.

ARTES PROTAGÓNICAS

Le preguntamos si el acercamiento del Vaticano al mundo del arte contemporáneo se relaciona con esa necesidad de recobrar y defender lo propiamente humano amenazado por las nuevas tecnologías: “La Iglesia siempre estuvo cercana al arte, en una época porque este era capaz de expresar de mejor manera sus misterios, manifestándolos visiblemente, dejándolos accesibles a un universo mucho mayor de personas, toda vez que muchas de estas no eran capaces de leer. Así fue como ello dio lugar a la creación de grandísimas expresiones artísticas, como el arte sacro, que expresó de manera extraordinaria esta capacidad. Es cierto que, después, el hombre moderno pasó a verse a sí mismo de otra manera, y que el arte ha seguido ese mismo camino, liberándolo de sus vínculos con la teología, redefiniéndose a sí mismo como un ser orientado al autodescubrimiento y la búsqueda de su identidad, en lugar de permanecer ligado a la expresión de los misterios de la fe”.

Como hombre amante de las artes, ha seguido con interés apasionado los cambios recientes: “El arte parece tener ahora ciertas dificultades para transmitir ideas y conceptos que parecen haberse perdido, como la capacidad de resurgir, de levantarse. Hay desconcierto. Asistimos a un fenómeno por el cual el arte, en su proceso de secularización, llama a la puerta de la Iglesia en busca de un lenguaje de imágenes y metáforas capaz de expresar aquello que el hombre actual ya no logra expresar. No considera a la Iglesia tanto como un lugar o un punto de referencia para expresar sus propios misterios, sino más bien un espacio capaz de albergar ideas, palabras, metáforas e imágenes que el hombre de hoy ha perdido, permitiendo así expresar mejor su propia humanidad”.

TEÓLOGO Y PERIODISTA

TEÓLOGO Y PERIODISTA

Entre 2011 y 2023, Spadaro dirigió La Civiltà Cattolica, la revista cultural italiana más antigua entre las publicaciones vigentes

Comenta que estos cambios los ha explorado personalmente con varios artistas, entre ellos con el italiano Michelangelo Pistoletto, quien, siendo agnóstico, organizó en Monza una exposición titulada “Unidad de la religión, responsabilidad del arte”, una iniciativa que refleja ese deseo de volver a llamar a la puerta de las religiones para escuchar y aprender un lenguaje que el arte posteriormente exprese a su manera.

Respecto del tema de los pueblos originarios, cuyas culturas, creencias y religiosidad han alcanzado un mayor reconocimiento de la Iglesia Católica en las últimas décadas, afirma: “Me impresionó muchísimo el Papa Francisco, quien organizó un sínodo sobre la Amazonía, muy consciente de que sus pueblos poseen una riqueza de sabiduría, historia y sufrimiento que debe salir a la luz e integrarse al pensamiento de la Iglesia, con su forma de comprender la realidad y el mundo, la que había sido marginada sin conocerse”.

Agrega que Francisco, en una exhortación apostólica, “Querida Amazonía”, citó a diecisiete poetas, de esa región casi todos, en cuyas obras aparecen sus visiones del mundo y también las de la Iglesia: “También incluidos los indígenas de Canadá, a los que el Papa visitó personalmente. Ellos representan un recurso inmenso, pero existe el riesgo de que su sabiduría se pierda en un mundo como el nuestro, que prioriza el empoderamiento de las culturas más fuertes y de las lenguas predominantes. Valorar las culturas indígenas, por parte de la Iglesia, permite una mejor comprensión del ser humano y de las expresiones de su religiosidad, la cual, a la luz del Evangelio, se purifica y se pone al servicio de toda la Iglesia”.

Ante las vocaciones religiosas que disminuyen, en tanto aumenta la búsqueda de sentido por parte de los jóvenes, le preguntamos por su visión de esas tendencias, al parecer contradictorias: “No creo que la vida religiosa esté llegando a su fin. Lo más importante es comprender cómo se mueve el Espíritu. La búsqueda espiritual está muy presente en la vida cotidiana y real de muchas personas, y también en las redes sociales, donde surgen muchas interrogantes sobre el sentido y propósito de la vida. Las ‘grandes preguntas’ nacen de formas a las que no estamos acostumbrados, pero eso no significa que estén ausentes”.

Considera que “atravesamos una gran crisis mundial de sentido, de relaciones internacionales, de valores; todo en permanente cambio, lo que dificulta discernir qué es lo que realmente importa. Entre los jóvenes hay una necesidad inmensa de ser escuchados, antes que juzgados. Tampoco hay que separar a los que se hacen preguntas de los que no. La crisis es tan profunda que requiere mucha comprensión”.

No considera a la Iglesia tanto como un lugar o un punto de referencia para expresar sus propios misterios, sino más bien como un espacio capaz de albergar ideas, palabras, metáforas e imágenes que el hombre de hoy ha perdido

UN PONTÍFICE ATENTO A LA DIVERSIDAD

En su visita relámpago, el padre Spadaro tiene los minutos contados, y en ese sentido, una pregunta obligada es la trayectoria del Papa León IV: “Es muy interesante para nosotros tener un Papa que vivió muchos años en Sudamérica, con una experiencia que ha influido en su visión de mundo. Es un Papa americano, nacido en Chicago, que se hizo agustino y escogió la América del Sur, llegando incluso a obtener la ciudadanía peruana. Esto no significa que haya dejado de ser norteamericano. Más bien, es un hombre que ha vivido dos culturas muy diferentes. Además, como Superior General de la Orden de San Agustín, viajó muchísimo, y eso moldeó su capacidad para comprender la realidad y el mundo a través de la óptica de diferentes culturas. Incluso, con relación a Perú, sabe bien que es una nación de distintas ‘almas’. Son muy distintas las culturas de la costa, la selva y la sierra. Todo esto enriquece sus percepciones y su identidad como un pontífice sensible a la riqueza y variedad de las culturas”.

Sobre la actual crisis de convivencia en el mundo, Spadaro considera que es un ámbito de mucha preocupación para la Iglesia en los últimos años: “La ‘amistad social’, como la llamaba Francisco, existe en el entendido de que el acto de convivir es posible. El compartir visiones de mundo, interactuar con otros manteniendo nuestras propias ideas, pero compartiéndolas con el prójimo. Es la amistad que surge entre las personas, justamente, lo que hace posible el diálogo”.

“En la era de las redes sociales, la amistad se ha convertido en un gran desafío para nuestras sociedades: la capacidad de conversar, de interactuar y de trabajar por el bien común, el cual parece haberse convertido en el menos común de todos los bienes”

Lo anterior lo lleva a comentar otro fenómeno de nuestra época, la polarización: “Ella lleva a mirar al otro no como un adversario con el cual dialogar, sino como a un enemigo al que hay que derrotar. Hemos perdido la capacidad de encontrarnos verdaderamente unos con otros. Si bien las redes sociales pueden mejorar nuestra capacidad para conocernos y dialogar, también conllevan el riesgo de alimentar la polarización y la confrontación. En la era de las redes sociales, la amistad se ha convertido en un gran desafío para nuestras sociedades: la capacidad de conversar, de interactuar y de trabajar por el bien común, el cual parece haberse convertido en el menos común de todos los bienes”.

Aunque parte de regreso a Roma, hay una forma de seguir conectados a sus reflexiones y experiencia después de su partida. Spadaro es un jesuita pionero en estudiar la presencia de lo religioso en las redes, y en llevar la teología al mundo digital. Tuitero desde 2007 y rápido para inaugurar un blog en esos años, no es difícil encontrar sus ideas en el plano digital. Ha dicho que entiende y acepta que el ser jesuita lo lleva a “vivir en la frontera”.