• Por Daniela Farías
  • Fotografía, César Dellepiane

Especial

Catherine Lacey: “Las cosas han cambiado, pero no es la utopía que queremos”

La escritora estadounidense se lamenta de que ser artista y mujer todavía signifique un obstáculo en la sociedad en que vivimos. Por ello, en su última novela, Biografía de X (Alfaguara, 2024), decidió crear un país ficticio que fuera más igualitario. Y es que la experimentación es parte de su norma. No hay moldes ni estructuras que sean eternas y, cuando se trata de narrar una historia, la libertad creativa es una premisa. Aquí se refiere a la importancia de Nueva York en su carrera, a la necesidad de que los artistas se sientan parte de un colectivo y a las emotivas letras del cantante Juan Gabriel.

Es pálida y de piel lozana. Tiene unos ojos claros muy expresivos que parecen estar constantemente evaluando la pregunta antes de responder. Es de contextura delgada y menuda y transmite la energía de quien ha encontrado la pasión en su quehacer.
Al iniciar la conversación se muestra tan cercana como una amiga que pide disculpas por no hablar español y agradece por entrevistarla en su idioma. Esa misma humildad transmite en el hecho de que, a pesar de ser una de las escritoras más celebradas de su generación (tiene 41 años que reflejan muchos menos), parece sentirse algo incómoda con el culto a la personalidad.
Oriunda de Tupelo, Misisipi, Catherine Lacey nació en 1985. Su origen es importante para entender su obra, ya que influyó profundamente en su visión de mundo: creció en una familia metodista muy practicante, y esa estructura religiosa tan rígida es lo que parece alimentar los temas de culpa, desequilibrio y búsqueda de libertad en varios de sus personajes. De la calma conservadora de Misisipi pasó a estudiar en Nueva Orleans (en la Universidad Loyola) y luego a Nueva York (Universidad de Columbia). Ese salto de un entorno tradicional a la efervescencia intelectual de las grandes ciudades es una transición que sus personajes suelen repetir.
De hecho, el “Territorio del sur” que describe en su última novela, Biografía de X (una zona teocrática y amurallada en el Estados Unidos ficticio que crea en el texto), tiene raíces directas en su percepción del conservadurismo extremo que conoció en su infancia.
Esa relevancia de las urbes en la literatura es una de las reflexiones que profundizó con Revista Universitaria durante su visita a Chile a fines del año pasado, en el ciclo “La ciudad y las palabras”, organizado por el programa de Doctorado en Arquitectura, de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos de la UC.

—Yo vivía en Nueva Orleans cuando fue azotada por el huracán Katrina, en 2005. Toda la localidad tuvo que evacuar y estuvo cerrada durante, creo, unos tres meses. Las aguas de la inundación estuvieron en el lugar más de un mes. Con 20 años recién cumplidos, estaba en la universidad y me motivó mucho observar que, justo después de que me mudé, la población se redujo a un tercio de lo que había sido.
Mi departamento quedó destruido, pero en mi caso no importó, pues no tenía responsabilidades. Por lo mismo, era capaz de ver el trauma con distancia, así que pasé el año siguiente escribiendo sobre la gente de Nueva Orleans, las diferentes organizaciones que habían surgido para responder a la tormenta y sobre las historias de diferentes personas. Estaba muy interesada en entender lo que había sucedido. Y fue a través de eso que me di cuenta de que, tal vez, podría ganarme la vida escribiendo porque… me dio un propósito.
En cambio, en Nueva York había algo que realmente me cambió como escritora. Absorber la forma en que las personas se trataban entre sí, escuchar tantos idiomas diferentes y ver muchas cosas distintas. Eso es lo que me dio mucha energía y me hizo sentir curiosidad por saber qué más podía aportar… Creo que llegué a la mayoría de edad como escritora en la ciudad de Nueva York. Ahí encontré algo en mí que me interesaba escribir, como una forma de organizar mis pensamientos y entender el mundo.
Cuando escribes un libro y lo regalas al mundo, tu libro individual en realidad no importa, sino que es parte de un ecosistema. Para mí se ha convertido en mi forma de religión o espiritualidad verme a mí misma como parte de un todo en lugar de como un individuo… Todos estamos creados por el contexto y somos parte de un cuerpo.


“Creo que llegué a la mayoría de edad como escritora en la ciudad de Nueva York. Ahí encontré algo en mí que me interesaba profundamente escribir, como una forma de organizar mis pensamientos y entender el mundo”.

—¿Y qué pasó con tu escritura cuando te mudaste recientemente a Ciudad de México?
—Mudarme a México no fue una decisión a priori. No hablaba el idioma en absoluto… me volví más silenciosa y traté de averiguar cómo podía comunicarme sin lenguaje o cómo, simplemente, ser invisible. Sentí que no quería imponer mi idioma en un lugar al que, en última instancia, realmente no pertenecía. Pero me pasó que empecé a no tener acceso a lo que sucedía a mi alrededor, y me convertí en una especie de niño… vulnerable. También fue muy emotivo. Una vez que empecé a aprender español, lloraba todo el tiempo. No era por tristeza, sino por la intensidad de poder entender.
Vivir en un lugar en el que no se habla mi idioma, que es lo mío, que siempre ha sido mi seguridad, fue una experiencia importante para mí.

—¿Qué admiras de nuestra cultura? ¿Hay algunos autores, escritores o artistas en los que te hayas fijado?
—He conocido a escritores increíbles en español, como mi amiga Brenda Lozano o Clyo Mendoza, quien es otra autora mexicana que me ha sorprendido mucho con su libro Furia. Ahora mismo estoy leyendo la novela de María José Navia, Kintsugi, en español. Eso es algo nuevo y emocionante para mí. También conozco, como todo el mundo, al escritor chileno Alejandro Zambra, que empecé a leer hace mucho tiempo.
Aparte de la escritura está la música latina. Me he obsesionado mucho con Juan Gabriel, he visto todo un documental sobre su vida. Al verlo, pensé: “¡Oh, Dios mío! ¡Sus sentimientos y su voz son tan hermosas! ¡Y las letras!”.

La realidad inventada de Biografía de X

—Volvamos a tus libros. ¿Por qué te gusta tanto experimentar en ellos?
—Siento que cuando llega el momento de escribir algo, ya sea una novela o un cuento, tengo una especie de pregunta que me interesa investigar. Siempre me han inquietado todos los tipos de libros y también me siento muy influenciada por el cine, la música, las artes visuales y la vida… disciplinas que, en cierto modo, desafían la categorización. Supongo que por eso me parece natural usar todos los modos posibles y hacer cualquier cosa en un libro. Por ejemplo, últimamente he estado pensando si podría crear un narrador en tercera persona que sea realmente dos personas. Me parece divertido lograr eso. ¿Cómo sabes cuáles son los límites? Simplemente, me gusta romperlos. Lo disfruto y no conozco otra forma de hacerlo…

—¿Es cierto que te has inspirado en Susan Sontag, especialmente para escribir Biografía de X?
—Yo prefiero no decir que Susan Sontag es una influencia para mí porque creo que ella, especialmente su obra de no ficción, es muy poderosa. Y creo que a todos los escritores nos gustaría dejarnos influenciar por Susan Sontag, pero no solo porque me encanta voy a tener la suerte de que influya en mi escritura. Ahora mismo no sé quién me está influyendo. Quizás más tarde lo sepa.

—Tal vez puedas aprender lo que no quieres hacer de algún autor, por ejemplo.
—Intento no leer demasiado. Bueno, tengo una especie de relación de amor y odio con lo contemporáneo, ¿sabes? Quiero decir que hay algunos que me impresionan totalmente. Por ejemplo, hay una escritora, originaria de Turquía, pero que vive en París y creció en los Estados Unidos. Escribe en inglés y se llama Aysegül Shavas. Ella es una de las escritoras vivas más notables y pensaba que era muy difícil que pueda escribir algo como ella. Y luego escribí una novela corta que se publicó por partes y alguien la leyó y dijo: “¡Oh! ¡Se parece mucho a Shavas!”. Y yo no lo podía creer, porque nunca había sentido que había absorbido su influencia. Pero luego, volví y lo miré y pensé: “Creo que lo es y no fue intencional”. Es decir, a veces los escritores influyen en ti y no puedes decidir.

—He leído que cuando escribiste Biografía de X tuviste que buscar diferentes formas de contarla.
—En esa época me interesaba mucho la biografía como género literario de no ficción. En estos textos generalmente sabes que la persona está muerta… y hay algo bueno en esa fórmula, que logra entregar una vida investigada a fondo. Así que me propuse escribir una biografía ficticia. Y me dediqué a crear esta vida y luego escribir sobre ella como si fuera biógrafa, no como novelista. Así que hice el borrador original y toda esta investigación. Construí este mundo (que implicaba reescribir la historia de Estados Unidos, separado por un muro en dos territorios). Tenía montones de apuntes sobre cada acontecimiento, muchos plazos, montones de cosas así.
Luego le di ese borrador a mi agente y pensé: “La escribí. Definitivamente es una biografía”.
Mi agente lo leyó y me llamó y pensé que íbamos a hablar sobre detalles de plazos y contrato, pero grande fue mi sorpresa cuando me dice: “Esto es lo más aburrido que he leído de ti”. Fue justo al principio de la pandemia, en febrero o marzo de 2020. Llevaba tres años escribiendo ese libro, pero había algo en él que no me dejaba abandonarlo.
Tenía que reescribirlo y lo hice por casi un año. Después me di cuenta de mi error: cuando lees una biografía es porque te importa esa persona. O sea, te gusta la música de David Bowie, sabes un poco sobre Bowie y por eso vas a leer el libro.
Pero había escrito mi novela como si todos conociéramos a X, de una manera muy directa y seca. Y me di cuenta de que esta tiene que ser una historia de detectives y convertir a la esposa de X, CM, en la detective, hacer que su misión sea parte de la narración, y también incluir su dolor.

—¿Cómo gestionaste la gran cantidad de personajes que tienes en esta novela? Me imagino que es muy difícil.
—En parte es solo un entrenamiento, porque mi primera novela tenía un personaje. Luego, el segundo libro tiene un par y creo que, a partir de ahí, sentí más curiosidad por crear un mundo que fuera realmente grande. Tenía un documento extenso que detallaba cada una de las personalidades de X y qué tipo de cosas haría. Hay muchos escritos que no figuran en la novela y que pueden ser útiles. Creo que simplemente descubres cosas sobre los personajes mientras intentas escribirlos activamente. Incluso si hablas con alguien por teléfono, ni siquiera ves su cara, pero puedes saber intuitivamente algunas cosas sobre ellos. Y creo que es algo parecido al escribir, así que cuando eres paciente y dedicas algo de tiempo a los personajes, aportan cosas. Y luego tomas notas y te aseguras de saber quién es quién.

 

Sin moralejas.

Sin moralejas.

Catherine Lacey se siente muy cómoda en la incertidumbre. No es una autora que busque dar lecciones morales o verdades absolutas; se define más bien como alguien que “investiga” problemas humanos sin esperar resolverlos.


“Cuando escribes un libro y lo regalas al mundo, tu libro individual en realidad no importa, sino que es parte de un ecosistema. Para mí se ha convertido en mi forma de religión o espiritualidad verme a mí misma como parte de un todo en lugar de como un individuo… Todos estamos creados por el contexto, todos somos parte de un cuerpo”.

—¿Por qué decidiste cambiar la historia de Estados Unidos en esta novela?
—En realidad, fue para que pudiera haber una artista lesbiana, poderosa, que fuera tan importante que nunca fuera entrevistada y le preguntaran: “¿Qué opinas de ser una mujer artista?”. De la misma manera que a ningún artista masculino se le preguntaría cómo es ser hombre y ser artista. Su género no es una especie de obstáculo que tenga que explicar o superar en su obra. En mi caso, incluso cuando publiqué libros por primera vez, hace 11 años, me preguntaron demasiadas veces qué piensas de ser una mujer escritora.
En realidad, ese cuestionamiento no tiene ningún sentido, porque tú no te levantas todas las mañanas y piensas: “¡Oh, supongo que hoy seré mujer!”. Solo estás viviendo una vida.
Pero en el pasado el mundo era así y estaba dirigido por hombres, sobre todo en el arte. Entonces me pregunté qué hubiera tenido que pasar para que el arte fuera un espacio completamente femenino. Y se me ocurrió crear una línea de tiempo paralela que relatara gran parte de fines del siglo XX, en un Estados Unidos ficticio.
En la actualidad, por supuesto, hay más lugares para las mujeres. Las cosas han cambiado, pero no es la utopía que queremos. No es suficiente. Todavía es más probable que llamemos genios a los hombres que a las mujeres… Es necesario comprender que lo masculino y lo femenino no están necesariamente ligados al cuerpo, sino al intelecto y a algo que no es físico.

—Hay una especie de protesta detrás de tu libro.
—Por supuesto. Sabía que quería que fuera una mujer escribiendo sobre una mujer y no una esposa que sobrevivió a un gran hombre y está escribiendo su historia. Y no quería que fuera un hombre el que hubiera sobrevivido a esta mujer y que él tuviera la última palabra sobre ella. Y simplemente no me interesaba una pareja heterosexual. Entonces decidí que las protagonistas serían dos mujeres, pero tenía que cambiarlo todo para que esto fuera posible.

Literatura sin certezas

—¿El libro de Mobius, que aún no tiene una versión en español, también es un experimento? ¿Me lo puedes contar?
—Sí, es un texto de no ficción y se trata sobre la ruptura de una fe religiosa y el final de una relación. Aborda la pérdida de la fe en la humanidad, la sociedad, la estructura o lo que fuera. Empezó como una especie de ensayo largo y no estaba segura de qué iba a hacer con él. Al principio no estaba claro si estaba escribiendo un libro, aunque no quería redactar una autobiografía. Tampoco creía que tuviera una historia que necesitara ser contada, pero mis experiencias formaban parte de lo que escribía.
Luego sentí que le faltaba algo, así que lo guardé durante un año. Finalmente, redacté una novela corta que abordaba las mismas ideas que tienen este tipo de libros largos de ensayo, de no ficción y memorias. Decidí imprimir ambos textos juntos, uno detrás del otro, porque para mí era como el mismo libro. Y pensé: “No quiero que uno de estos quede primero y el otro segundo, y no quiero mezclarlos…”. Así que en Estados Unidos tiene la misma portada por ambas caras.

—¿Cuál es tu próximo paso en la literatura?
—Estoy creando una novela un poco más normal. Se trata de una familia del sur. Nunca había escrito un drama familiar, así que lo estoy disfrutando mucho. Los personajes son muy divertidos.

—¿Por qué necesitas escribir ahora sobre una familia?
—No sé. Quizás sea porque dejé el país en el que viven. No lo he pensado…

Como en muchas de sus reflexiones, se siente muy cómoda en la incertidumbre. No es una autora que busque dar lecciones morales o verdades absolutas; se define más bien como alguien que “investiga” problemas humanos sin esperar resolverlos.
Y continúa largamente describiendo su proceso creativo, con la generosidad de alguien que sabe que tiene mucho que aportar en su disciplina. Aunque nada es definitivo en ella, todo está por escribirse.


Un futuro promisorio

Su novela debut, Nunca falta nadie (Alfaguara, 2014), ha sido traducida a varios idiomas y estuvo entre los mejores libros del año según The New Yorker y Vanity Fair. Su segunda novela, Las respuestas (Alfaguara, 2018), fue elegida como uno de los mejores libros del año por The Wall Street Journal, Vogue, Esquire y Huffington Post. Altar (Alfaguara, 2022) ganó el Premio New York Public Library Young Lions 2021 de Ficción, fue finalista del Premio Dylan Thomas y seleccionada para el Premio PEN/Jean Stein, la Andrew Carnegie Medal for Excellence y el Premio Joyce Carol Oates. Biografía de X, descrita en esta entrevista, es su última novela. Mejor libro del año según la revista Time, y uno de los mejores del año según The New York Times, The New Yorker y Vanity Fair. Ganó el Premio Brooklyn Library y fue finalista del Dylan Thomas y el PEN/ Faulkner.