• Por Nicolás Lazo Jerez

Especial

El florecimiento de la papa chilota

Cada año, millones de papas originarias de Chiloé circulan por todo el mundo. Dotado de numerosos beneficios nutricionales y ecológicos, este tubérculo es, además, una pieza clave en la identidad cultural de la isla. Aunque lo acecha más de una amenaza.

En Dalcahue, en la costa oriental de la Isla Grande de Chiloé, Rosa Cheun las cultiva con esmero, al punto de que su economía prácticamente depende de esa labor. En la localidad de Quiquel, entre Dalcahue y Quemchi, Pamela Cebrero administra un museo enteramente dedicado a ellas. En Lemuy, una isla que forma parte del archipiélago chilote, María Teresa Baeza las usa para elaborar aros, collares y pulseras. Por todo Chiloé, las papas son protagonistas.

Fuera de la zona, esta especie herbácea también tiene una importancia gravitante. Julio Kalazich, un académico de la Universidad de Los Lagos, lleva toda una vida profesional estudiando las características genéticas de las papas. Unos 900 kilómetros al norte, en la Facultad de Agronomía UC, Francisco Fuentes ha investigado sus propiedades y las condiciones que amenazan o bien fortalecen los cultivos.

Actualmente, millones de toneladas de papas chilotas circulan por el planeta, aunque muchos de sus consumidores desconocen aquel origen. Quizás deberían ponerse al día: dada su contribución nutricional y su eficacia ecológica, es probable que este producto adquiera cada día una mayor presencia en la dieta mundial.

UNA SUBESPECIE ÚNICA

Se estima que las papas (solanum tuberosum) fueron domesticadas por primera vez en los Andes sudamericanos, entre el noroeste de Bolivia y el sur de Perú, hace unos ocho mil años. El cultivo de la papa chilota, en tanto, llevaría varios siglos en curso. Su fortaleza principal, señalan los expertos, radica en una capacidad de adaptación climática única. A su vez, este rasgo se ve potenciado por el sistema productivo agroecológico que predomina hoy en Chiloé, el cual “promueve suelos con mayor contenido de materia orgánica y prescinde del uso de insumos convencionales sintéticos”, explica Francisco Fuentes, doctor en Ciencias Silvoagropecuarias y Veterinarias. “Este enfoque contribuye tanto al secuestro de carbono como a la resiliencia del cultivo”.

Tras la conquista de América, durante el siglo XVI, los exploradores españoles introdujeron las papas en Europa y facilitaron su distribución por todo el Viejo Continente. Al comienzo, hubo alguna resistencia: por motivos religiosos, entonces se pensaba que lo que crecía bajo la tierra no era apto para el consumo. Sin embargo, esta idea no duró para siempre. Según diversos cálculos, más del 90% de los 250 millones de toneladas de papas comestibles que circulan al año proviene, genéticamente hablando, de la subespecie que echó raíces en el territorio chilote.

Creo que este legado que Chiloé le ha entregado al mundo no está suficientemente valorado –plantea Julio Kalazich–. A veces, ni siquiera en Chiloé mismo. Si no le damos una denominación de origen a esta papa, se va a perder para los chilotes.

Quienes estudian las papas subrayan los aportes nutricionales y ecológicos de este tubérculo, lo que las convierte en una opción económicamente atractiva para cubrir las necesidades alimentarias de los países.

—Prácticamente, no hay ningún otro cultivo que sea capaz de producir tantas proteínas, tanta energía y tantos nutrientes por metro cuadrado –sostiene Julio Kalazich, parte de la directiva de la Asociación Chilena de la Papa (ACHIPA), vicepresidente de la Asociación Latinoamericana de la Papa y miembro del directorio del World Potato Congress–. Eso hace que su huella de carbono y de agua por kilo de alimento sea muy baja.

De ahí que la superficie de papas esté aumentando exponencialmente en China desde hace un par de décadas: el arroz, agrega Kalazich, requiere 14 veces más agua por hectárea.

Rosa Cheun, quien cuenta con 11 variedades de papas distribuidas en unos 600 metros cuadrados de cultivo, piensa que este auge representa una oportunidad económica inmejorable, si bien hace falta un impulso mayor.

—Si hubiera un mercado enfocado en fomentar la papa nativa y la parte nutricional de la papa, creo que tendría un plus distinto. Eso haría que la economía fuera diferente para las personas que cultivan. Esas ganas de generar recursos a través de algo que es parte de nuestra esencia abrirían nuevos horizontes.

En todo caso, relata, las papas están y seguirán estando en el centro de la vida de los chilotes:

—Para nosotros, en el día a día, la papa es como el pan. Pasó a ser una parte primordial de la dieta de los isleños. Si no hay papa, no hay nada. Es lo más importante dentro de los cultivos. Todo está hecho a base de papa: el estofado, la cazuela, el milcao. Incluso, hay postres que se hacen con chuño, que es el almidón de la papa.

Poco a poco, el Museo de la Papa de Quiquel se ha convertido en un lugar de encuentro para la comunidad, que el Día del Patrimonio de 2025 se congregó en torno a una competencia por la papa más grande y la papa más larga. Paralelamente, se tornó un sitio de aprendizaje.

Volverse visibles

La relevancia de las papas chilotas supera ampliamente los beneficios derivados de sus características palpables. A lo largo y ancho de la isla, constituyen un elemento central de la cultura y la sociedad. Bien lo sabe Pamela Cebrero, presidenta de la junta de vecinos de Quiquel, una localidad a unos ocho kilómetros de Dalcahue. Hace dos años, a instancias de una funcionaria municipal, ella y la comunidad quiquelina recuperaron las dependencias de la escuela rural, en ese momento abandonadas, y construyeron el Museo de la Papa.

Ahí, con vista a las islas que rodean el archipiélago, montaron un espacio que, además de exponer la planta de la papa y sus fases de reproducción, dispone de paneles interactivos sobre la influencia de la luna en las siembras, herramientas para labrar la tierra, utensilios de cocina y hasta la reproducción a escala de un fogón. Afuera, a modo de bienvenida para los visitantes, hay una melga demostrativa.

—Nos gustaría tener un banco de semillas —dice Cebrero, coadministradora del museo. Aunque admite una dificultad—: No puedes llegar y guardarlo. Tienes que plantar esas semillas todos los años, lo que requiere un gran compromiso.

Poco a poco, el Museo de la Papa de Quiquel se ha convertido en un lugar de encuentro para la comunidad, que el Día del Patrimonio de 2025 se congregó en torno a una competencia por la papa más grande y la papa más larga. Paralelamente, se tornó un sitio de aprendizaje: de las mil personas que lo visitaron durante el primer año de funcionamiento, una parte importante eran escolares.

—Uno de los primeros comentarios que me hicieron en una reunión con los vecinos fue muy bonito. Alguien dijo que, gracias al museo, ahora aparecemos en el mapa.

Quien también se volvió inesperadamente visible es María Teresa Baeza. Ella lleva un par de años dedicada a confeccionar joyas a base de papas, algunas de las cuales exhibe en su cuenta de Instagram @mtere.baeza. Provista de materiales locales y prescindiendo de insumos químicos, elabora las piezas sin moldes y de manera autodidacta. El resultado lo vende en ferias de la isla, con un éxito creciente.

—Para mí, es muy valioso haber logrado esto. Con el tiempo, se ha hecho rentable. Aunque son muchas horas de trabajo.

El origen de la idea no fue el de un emprendimiento común. En 2019, nacieron sus nietos, a quienes diagnosticaron con Trastorno del Espectro Autista. Deseosa de ayudarlos en un contexto pandémico sin escuelas a las que acudir, a María Teresa Baeza se le ocurrió hacerlos experimentar con la masa de las papas como una forma de estimulación.

A medida que se da a conocer, el proyecto ha ido tomando cuerpo. De hecho, esta exfieltrista pretende sumar más personas a la experiencia.

—Gracias a esto, ya tengo en pie un taller grande. Lo estoy implementando para que vengan a clases niños con capacidades especiales y adultos mayores que tengan alguna discapacidad. Ese es mi fin.

Comunidad y patrimonio

Comunidad y patrimonio

En enero de 2025, la comunidad de Quiquel se reunió para celebrar el primer aniversario del Museo de la Papa

Denominación de origen

En cuanto a la siembra de las papas, no todo son buenas noticias. Los expertos advierten que, cuando el sistema de cultivo se intensifica sin aplicar un manejo integrado, aparecen las externalidades negativas, como la contaminación por exceso de fertilizantes y pesticidas, el aumento del riesgo sanitario y de la expresión de enfermedades emergentes, y la compactación y degradación del suelo por una mecanización inadecuada. Por fortuna, los académicos y técnicos tienen claro qué medidas pueden mitigar estos efectos:

—Uso de semilla certificada, rotaciones con leguminosas, análisis de suelo y fertilización ajustada –enumera Francisco Fuentes–. Además, la incorporación de microorganismos benéficos, el uso de bioplaguicidas y el control biológico.

Eso sí, existen amenazas permanentes al cultivo de las papas chilotas. Entre ellas, se cuentan las enfermedades de origen bacteriano y viral, las plagas –que pueden aparecer por una trazabilidad defectuosa de las semillas– y la sustitución de variedades nativas por variedades foráneas, lo que “aumenta la vulnerabilidad sanitaria y erosiona el patrimonio genético chilote”, explica Fuentes.

La papa nativa no es tan productiva como la papa que se conoce tradicionalmente –cuenta Rosa Cheun–. Al no ser tan rendidora, se fue reemplazando por las papas que se introdujeron. Muy pocas personas conservaron las suyas.

Para enfrentar este escenario, el Servicio Agrícola y Ganadero impulsa un Programa Nacional de Sanidad de la Papa que establece un área protegida desde Biobío hasta Magallanes. Dicha protección implica vigilancia, fiscalización e inscripción de productores y comerciantes, así como la exigencia de semillas legales. Por otra parte, en Chiloé hay numerosas mujeres guardadoras, como Yolanda Millapichún, que preservan más de un centenar de variedades de papas nativas.

Pero aún quedan desafíos pendientes. Uno de ellos, opinan algunos, es relevar la singularidad de las papas chilotas y su raigambre con el territorio.

—Creo que este legado que Chiloé le ha entregado al mundo no está suficientemente valorado –plantea Julio Kalazich–. A veces, ni siquiera en Chiloé mismo. Si no le damos una denominación de origen a esta papa, se va a perder para los chilotes.

—Las papas que comen en Europa partieron desde acá –resume Pamela Cebrero–. Pero, como eso se ha naturalizado, no sé si está la conciencia de lo vitales que son.