Joel Inzunza: Una caída libre,de río a río
Sus versos nos proponen, sin duda, una caída y antes de ella un vuelo, luego una búsqueda y un encuentro. Recorro curiosa su forma de llevarme hacia lugares que nunca vi.
Joel Inzunza Leal es coreógrafo, poeta y docente. Su trabajo entrelaza danza contemporánea y poesía como formas de archivo vivo, explorando el cuerpo como territorio sensible y lugar de memoria. Inzunza ha desarrollado desde Concepción una obra que habita los cruces entre movimiento, palabra y pensamiento. Es autor de los libros Esta vez sobre el papel (Tinta negra, 2022), Poemario morpho (Almacén Editorial, 2022) y Perros amantes (Adynata, 2025), donde expande su búsqueda por una escritura corporal y poética del mundo.
Los versos libres que plasma en este último texto son físicos, melódicos, caen sobre el río Mekong,
para luego llevarnos a otras aguas. Sus versos nos proponen, sin duda, una caída y antes de ella un vuelo, luego una búsqueda y un encuentro. Recorro curiosa su forma de llevarme hacia lugares que nunca vi, pero que abre junto a las suyas mis propias heridas. Allá tan lejos se abren. Puede ser que esa distancia inicial sea lo que vuelve la escritura de Joel tan nítida y perfecta y propicia para conectar con sus versos hondos, ligeros y físicos. Las tres cosas al mismo tiempo.
Luz y oscuridad en proporciones justas, una constatación de armonía a la medida del autor. Avanzamos siempre por agua, pero Joel llega al cuerpo. Una vez ubicados, cada cual en sus propias aguas, Joel define el cuerpo, lo presenta y luego lo abre. Imagina un perro, en lo tierno, en lo duro, en lo feroz.
De río en río es pertinente contar que, por supuesto, todo termina o desemboca en el Biobío. El viaje propuesto por el autor nos llena de libertad, pero, en sus propios márgenes, eso permite el verdadero goce. Esa coherencia es parte sustancial y oculta de cada creación. Joel precipita las aguas. A momentos, el movimiento es oscuro y siniestro, no tiene compasión. Me agrada eso también. De qué se escribe cuando se escribe realmente, me lo pregunto, porque siempre hay un misterio. Joel nos permite recorrer el suyo, agua, perros y amantes, imagine lo que quiera, pero le cuento que el autor aclara que para los griegos existió pertinencia entre perro y fuego. Fuego y agua, es decir, cuerpo, fuego y agua, a eso nos lleva Joel. Lo descubrimos cerca del final, limpiamente, como un puñal que entra silencioso en el cuerpo. Amantes del fuego en el agua, una ecuación ritual que nos permite volver al inicio y en el inicio solo hay cuerpos sin marca, sin herida, sin cicatriz, sin dolor, sin río. Pero pronto todo nos hiere, todo nos marca a unos más que a otros. Entonces aparece el lenguaje, la palabra, para poder distanciarnos, nombrar, y dejar claro que un cuerpo que no tiene marcas aparentemente no ha vivido.
Cierto es que el ritual y la poesía están tan cerca, como si fueran parasitarios uno de la otra. El autor logra conectar ambas cosas de una forma muy original, pero sobre todo muy organizada y auténtica.
Creo que el poeta está haciendo de este poemario un ritual y quizás siempre sea eso, pero al menos aquí me sentí parte de un rito, de un rezo, de una agonía. Definiría Perros amantes como un poemario brillante. No es mezquino, no es simple. Es único y particular. ¡Oh, cómo nace el poema! Esta es la exclamación más rotunda para agradecer al autor su osadía.