• Por Nicolás Lazo Jerez
  • Periodista Revista Universitaria

Especial

Jorge Said, corresponsal en zonas de conflicto: “En la guerra, voy a la búsqueda de una verdad elusiva”

El periodista, conocido por sus programas de viajes y una cobertura de conflictos bélicos en la que lleva alrededor de una década y media, habla sobre la humanidad desprovista de máscaras que emerge cuando la muerte acecha de cerca, la amenaza de una inteligencia artificial “que responde a los intereses de las grandes corporaciones” y la posibilidad, descartada por adelantado, de dedicarse a otros asuntos: “Siempre voy a estar en la misma”.

Jorge Said deambula por una cocina atiborrada de botellas y platos buscando la tapa de una juguera en la que quiere licuar frutas. Mientras se asoma a una habitación contigua con la esperanza del hallazgo, cuenta que anoche celebró aquí, en su departamento en Providencia, la salida al aire de África salvaje (Canal 13), la serie documental que muestra su trepidante recorrido por ese continente: más de 20 mil kilómetros a bordo de un bus amarillo que en las tomas áreas, captadas con un dron, parece un animal metálico reptando por el apretado verdor de la selva y la vastedad ocre del desierto.

Segundos más tarde, el periodista advierte que la tapa de la juguera siempre estuvo delante de él, al lado del lavaplatos.

Hace un año que no estaba en mi casa –dice, quizás a modo de disculpa–. Hay cosas que yo mismo no encuentro.

Inquieto y locuaz, al tiempo que afable y hospitalario, Jorge Said –periodista UC, 60 años, sonrisa recurrente y una ronquera que, a estas alturas, devino marca personal– se entusiasma cuando habla sobre sus viajes. Parece capaz de reflexionar durante horas en torno a lo luminoso y lo funesto que ha visto y oído en los cinco continentes. Es lo que hará esta tarde de principios de junio, sentado ante una mesa de comedor frente a la cual se alza una repisa empotrada llena de cuencos, esculturas, máscaras y platos, saldo de sus temporadas en la ruta. Nada raro en quien ya superó la apabullante cifra de cien países visitados e igual número de piezas documentales exhibidas en Chile y el resto del mundo.

En la guerra encontré una manera de reportear grandes cuerpos de contenido. Fue un facilitador, más que una fuente de complicaciones logísticas y legales.

El periplo de Said tiene un punto de partida más o menos claro, que podría fecharse a inicios de la década pasada, cuando el movimiento contra la desigualdad “Ocuppy Wall Street” y la “Primavera árabe”, la ola de protestas que desafió a un puñado de regímenes autoritarios en el Medio Oriente y el norte de África, robaron su atención definitivamente.

–La guerra es donde se conoce realmente el interior de la condición humana. No haría periodismo en La Moneda, por ejemplo. Ahí, los tipos te mienten.

La efervescencia de estos levantamientos contrastaba con el tedio que el reportero, chileno-estadounidense de origen palestino, experimentaba en aquella época en Los Angeles, California. Fue así como, resuelto a desandar una pendiente de banalidad, partió a cubrir los conflictos decisivos de los últimos años en el mundo.

–Estar cerca de la muerte hace que las máscaras caigan. Entonces, aparece esa persona que está a punto de morir.

–¿Y qué dicen las personas cuando están a punto de morir?

–“Ayúdame, Dios”.

La guerra es donde se conoce realmente el interior de la condición humana. No haría periodismo en La Moneda, por ejemplo. Ahí, los tipos te mienten. (…) Estar cerca de la muerte hace que las máscaras caigan

EN LA LÍNEA DE FRENTE

Jorge Said atrapado en Afganistán, en un Kabul tomado por el ejército talibán, durante la segunda quincena de agosto de 2021. Jorge Said huyendo de un misil en Irpín, ocho kilómetros al noroeste de la capital ucraniana, a inicios de marzo del año siguiente. Jorge Said expulsado de la República Democrática del Congo por el grupo rebelde M23, horas después de ser atropellado por una moto, en diciembre de 2025. A menudo, las escenas que protagoniza el periodista tienen a su audiencia televisiva al borde del asiento.

Esta última desventura, emitida en el capítulo del 11 de julio de África salvaje, ha sido una de las pocas ocasiones que han quebrado el relativo optimismo de Said. Cabizbajo, con la cámara a la altura del pecho, en la pantalla se le oye decir que solo puede concluir una cosa: la agrupación, enfrascada en un conflicto armado con el gobierno congoleño hace una década y media, “está ocultado” a los periodistas “las atrocidades que está cometiendo”.

Frente a tantas calamidades posibles, una pregunta obligatoria es por qué, en una época de Internet y teléfonos con cámara, un sexagenario nacido en Linares decide, una y otra vez, empacar lentes, trípodes y sombreros étnicos para sumergirse en conflictos distantes donde la muerte ronda casi todo el tiempo.

–Este tipo de periodismo me hace sentir cerca del pueblo, de los que no tienen voz. En las guerras, todo el mundo quiere hablar. La gente se acerca corriendo para expresarse.

Said agrega que, como “el reporteo es la forma más básica de hacer periodismo”, no se imagina sin acudir a la línea de frente.

–Cuando me tocó hacerlo, encontré una enorme amalgama de temas. Adonde mires tienes una gran historia. Están los doctores que salvan cuerpos, el choque directo entre los grupos en conflicto, la situación humanitaria de los refugiados, la gente torturada, los prisioneros de guerra… Todos los temas están ahí. No quiero presentar noticias ni ser relacionador público. Quiero ser reportero. Cuando se es reportero, ¿cuál es el tema? Las grandes crisis internacionales, ya sean antropológicas, bélicas o espirituales.

–Por un lado, existe el periodismo militante. Por otro, hay quienes procuran la mayor imparcialidad posible. En ese espectro, ¿dónde se sitúa?

–Uno tiene una visión. En el caso de las guerras, es evidente. Debemos tener una cierta imparcialidad, pero la objetividad, en términos abstractos, no existe. Hay un punto de vista que no nos pueden quitar. Muchas veces, los periodistas no podemos cubrir los dos frentes, aunque imaginamos que del otro lado debe ser igual. Sin embargo, el mensaje de paz también tiene una carga ideológica. Si dices que estás por la paz, en Israel no te quieren.

Plantea que, para él, se trata de ejercer el oficio con honestidad:

–Hay que ser abierto. Buscar la verdad. En la guerra, voy a la búsqueda de una verdad elusiva. Una verdad que está manipulada.

"VEHÍCULOS NARRATIVOS"

–Todo es conflicto en un orden mundial completamente caótico –sentencia Jorge Said sin anestesia, y acto seguido añade–: Ahí es donde la función del periodista es importante, porque la Inteligencia Artificial es falsa. ¿En qué sentido? En que responde a los intereses de las grandes corporaciones.

Conoce de primera mano la combinación tóxica entre el armamento y la tecnología: en Ucrania, se internó en la pujante industria de los drones, un arma cada día más barata y precisa en la que el país de Europa Oriental es una potencia.

–Decían a los jóvenes: “Si no quieres ir a morir a la trinchera, quédate en el living de tu casa y saca, por ejemplo, un dron diario con tu grupo de amigos”. Un dron suicida puede destruir un tanque, y los tanques más baratos valen unos seis millones de dólares.

En Alepo, Bagdad, Sinaloa o Trípoli, Said ha visto niveles de violencia ante los cuales, dice, la comunidad internacional luce impotente.

–La concepción de los derechos humanos, con el nacimiento de las grandes instituciones, se ha borrado completamente. La ONU no puede parar absolutamente nada. ¿Por qué en su Consejo de Seguridad hay cinco países con derecho a veto? Porque esa es la manera de que no cambie nada. Todo está hecho con una tremenda hipocresía desde el principio.

El periodista, que en ocasiones se pone de pie sin motivo aparente para luego volver a sentarse sin más, se reconoce víctima de un estrés intermitente y de un insomnio crónico. Son, según confesión propia, el remanente de sus años como corresponsal en zonas de conflicto: “Estoy siempre muy nervioso”.

Mis heridas de guerra será, precisamente, el título de un libro autobiográfico que espera lanzar durante el segundo semestre de este año, así como de un largometraje documental que podría estrenar en 2027. A esto se suma la publicación, aún por definir, de la novela gráfica Secretos de un reportero, basada en su trabajo.

–Puedo decir que estoy completando un ciclo, lo que me tiene muy contento. Para mí, era un sueño entrar en otro tipo de vehículos narrativos.

Entre los fogonazos de la guerra, el conductor de Reportero en tiempos de crisis (2016), Las últimas tribus (2017) y Buscando a Dios (2019), entre otros programas, últimamente también ha podido alegrarse con los reconocimientos hacia su trayectoria, que incluyen un Doctorado Honoris Causa por la Universidad de Santander, en 2022, y una distinción en la categoría Periodismo Humanitario en el Centenario de la Diplomacia Pública de Rusia, en 2025. Incluso, deja un espacio discreto al optimismo:

No pierdo la esperanza. Es lo último que podemos perder. Por ahora, estoy esperando que en octubre cambie el gobierno de Israel y que paren los genocidios.

–¿Si mañana se desata otra guerra…?

–…tengo que ir. La verdad, no creo que termine alguna vez. Siempre voy a estar en la misma. La única jubilación es la muerte.