• Por Joseph Gómez Villar
  • Investigador y académico cubano residente en Chile, especialista en estudios patrimoniales, museología e historia del arte. Doctor en Ciencias Filosóficas por la Universidad de La Habana. Profesor en la Escuela de Arte y el Centro del Patrimonio Cultural, ambos de la UC

Americana

Memorias disidentes sobre la Revolución Cubana

Ad portas de un supuesto cambio radical en el país centroamericano, la manera en que los cubanos interpretan su historia ha ganado intensidad. En el presente contexto de genocidios y presión geopolítica entre superpotencias, escuchar las pequeñas memorias del cubano de a pie, quizás, contribuya a evitar que cosifiquemos la historia. Este ensayo es una aproximación personal al problema de cómo, ante la amenaza de una intervención estadounidense, el cubano común ha venido contestando la memoria oficial sobre la Revolución Cubana.

¿UN PUEBLO SIN VOZ Y SIN MEMORIA?

Desde el 8 de enero de 1959, cuando Fidel Castro dio el “Discurso de las Palomas”, el pueblo cubano –dentro del territorio– comenzó a perder voz propia. La historia pública se centralizó en un solo “historiador”: los términos, explicaciones e interpretaciones de todos los acontecimientos, pasados y presentes, tuvieron desde entonces un solo narrador.

Apenas llegaban a la isla las memorias disidentes que el primer exilio cubano comenzó a construir sobre el significado del 1 de enero de1959. El proceso de purga política inicial de las Organizaciones Revolucionarias Integradas y el Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba eliminaron rápidamente cualquier posibilidad de oposición. Bahía de Cochinos, en abril de 1961; la Segunda Declaración de La Habana, en febrero de 1962; y la Crisis de los Misiles –que evidenció la subordinación de Fidel Castro al bloque soviético en medio de la Guerra Fría– instalaron un clima permanente de amenaza de guerra y aislamiento, donde la mínima divergencia era vista como traición a la patria.

El lema “Patria o muerte”, que se convirtió en la doctrina desde junio de 1961; “Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada”; y, a partir de la fracasada zafra azucarera de 1970, el slogan “Socialismo o muerte”, sumado al caso Padilla en 1971, que marcó el peak de la ofensiva contra la intelectualidad, clausuraron las memorias públicas colectivas. Se consolidó un bloqueo informativo y una burbuja ideológica tan cerrada que cualquier postura alternativa implicaba proscripción (Almendros, N. y Jiménez Leal, O.; 1984).

Se expandió entonces uno de los procesos históricos de ventriloquia política y cultural más radicales del siglo XX. El pueblo cubano se transformó en un “muñeco de ventrílocuo”, pero no solo del Partido Comunista de Cuba desde 1965, sino de múltiples movimientos y organismos internacionales.

Hacían hablar al pueblo cubano para decir lo que cada grupo de turno quería decir y hacer: CAME, Movimiento de Países No Alineados, ONU, G77 + China, ALBA, TCP, CELAC, CARICOM, Unión Africana, OMS, OPS, UNESCO, FAO, Unión Europea (con confusas ambivalencias) y la OEA de 2009 a 2015, entre muchos otros, hablaron a través del pueblo cubano para proclamar sus propios intereses, sin indagar qué era lo que realmente pensaba y quería.

Fue a partir de 2018, momento en que comienza a masificarse en Cuba el uso de internet con la activación de 3G y 4G en los teléfonos móviles, cuando más de un 50% de la población pudo tener acceso a información de libre elección y los cubanos radicados en Cuba pudieron comenzar a transmitir con alcance público sus memorias disidentes. También se produjo un diálogo más intenso sobre las diferentes experiencias de vida entre los cubanos de dentro y fuera.

Fue a partir de 2018, momento en que comienza a masificarse en Cuba el uso de internet con la activación de 3G y 4G en los teléfonos móviles, cuando más de un 50% de la población pudo tener acceso a información de libre elección y los cubanos radicados en Cuba pudieron comenzar a transmitir con alcance público sus memorias disidentes

RECUPERANDO LAS MEMORIAS

No es comprobable el relato oficial de que el gobierno de Fidel Castro gozó siempre de una aprobación mayoritaria dentro de Cuba. Aunque no son posibles las estadísticas, al menos están documentadas la Rebelión del Escambray entre1959 y 1965, y el Grupo de los Plantados en la década de 1960. Además, varios intelectuales y artistas fueron coaccionados: el listado sería largo, aunque los más conocidos son el escritor Virgilio Piñera en la Noche de las tres P, y Reinaldo Arenas, por el filme biográfico Antes que anochezca.

No obstante, y a pesar del inmenso aparato de represión y máxima vigilancia, se activaron dentro de Cuba –todos perseguidos y sin reconocimiento legal– el Comité Cubano Pro Derechos Humanos desde 1976, la Corriente Agramontista en la década de 1980, el Partido Pro Derechos Humanos de Cuba en 1988, el Concilio Cubano en 1995, el Grupo de los Cuatro en 1997, el Proyecto Varela en 1998, las Damas de Blanco en 2003, el Movimiento Cristiano Liberación en 2003, Yo No Coopero con la Dictadura en 2006, UNPACU (Unión Patriótica de Cuba) y Estado de Sats en 2011. También el Movimiento San Isidro, en 2018, y el grupo 27N, que involucró a cerca de trescientas personas, muchas de ellas artistas e intelectuales que hicieron un plantón frente al Ministerio de Cultura de Cuba en noviembre de 2020, logrando un amplio impacto en los medios independientes y en las redes sociales.

Además, cabe destacar todo el proceso de memoria crítica que logró plasmarse en films y medios digitales (Fehimović et al., 2026). Si bien antes de 2018 las diversas modalidades de activismos tuvieron un impacto moderado dentro de la isla, constituyen una base sólida de la memoria disidente cubana. Muchas de las víctimas políticas provienen de esos espacios, como Osvaldo Payá y Harold Cepero, asesinados por agentes estatales (CIDH, 2023).

Quizás la memoria oficial más encubridora sobre la Revolución Cubana son los tres grandes hitos de emigración explosiva: Camarioca 1965 (tildados de “gusanos”), Mariel 1980 (tachados de “escoria”) y Maleconazo 1994 (conocidos como los “balseros”). A lo anterior se sumó una diáspora histórica de aproximadamente tres millones de cubanos y los cientos de desaparecidos en el mar del Estrecho de Florida.

La memoria oficial sostiene que la migración masiva cubana, a partir de 1959, nunca tuvo motivaciones políticas, sino que obedeció a problemas económicos causados por el embargo de Estados Unidos a Cuba. Esta ha sido una memoria oficial reiterativa, construida para desmentir la idea del modelo económico de Charles Tiebout de que los inmigrantes votan con sus pies. Si bien esta memoria para despolitizar e higienizar la emigración cubana tuvo cierta efectividad antes de 2018, hoy el sentimiento es que la emigración fue un proceso extremadamente violento y que los emigrados han sido mayoritariamente opositores a la memoria emancipadora y gloriosa de la Revolución Cubana.

Si bien antes de 2018 las diversas modalidades de activismos tuvieron un impacto moderado dentro de la isla, constituyen una base sólida de la memoria disidente cubana. Muchas de las víctimas políticas provienen de esos espacios, como Osvaldo Payá y Harold Cepero, asesinados por agentes estatales

LAS MEMORIAS DISIDENTES AHORA

A diferencia de Chile, donde las memorias acerca del golpe de Estado y la dictadura de Pinochet son tipologías bien estudiadas, claramente definibles y periodizadas, las memorias cubanas contraoficiales acerca de la toma de poder de Fidel Castro y su posterior gobierno están menos sistematizadas.

Sin embargo, no es demasiado arriesgado afirmar que uno de los marcos interpretativos emblemáticos actuales es la memoria como destrucción. “Maldito el ejército libertador (1868-99) y el ejército rebelde (1956-59)”, dice ahora una cubana afrodescendiente ante la desesperación por 20 horas diarias de corte de energía eléctrica (fechas del autor).

Es una manera alegórica de referirse a la memoria oficial acerca de que existe una continuidad histórica independentista memorable entre el Ejército Mambí del siglo XIX y los militares actuales, a los que la memoria del exilio culpa de tráfico de drogas, lavado de dinero, corrupción, terrorismo y violación de derechos humanos, y cuya élite se encuentra sancionada por la administración Trump y acusada por tribunales federales estadounidenses. En esa misma línea, otro cubano afirma: “Estados Unidos debe ya intervenir Cuba como en 1898; los cubanos no podemos librarnos solos porque estamos completamente desbaratados“.

Esto subvierte la memoria oficial sobre un Estados Unidos históricamente neocolonizador y la trastoca por un Estados Unidos libertador. Las redes sociales están inundadas de fotos de los barrios de La Habana notablemente destruidos, colmados de basura y mendicidad. Por lo general, esas fotografías son comparadas con imágenes de esos mismos barrios antes de1959, íconos de una Cuba enriquecida.

Si bien la memoria de la prosperidad de los años 50 nunca desapareció completamente del imaginario cubano popular, fue desde 2010, con las reformas económicas y posteriormente con el “deshielo” de Barak Obama, que los emprendimientos privados comenzaron a revitalizar para el turismo un patrimonio que mezclaba figuras revolucionarias famosas con elementos de los “dorados años 50”: años definidos por el estilo de vida norteamericano con arquitecturas confortables, autos de lujo, centros de entretenimiento, espectáculos, glamur y estrellas de Hollywood que visitaban la isla. El patrimonio del bloque socialista fue desapareciendo del paisaje. La memoria hegemónica acerca de unos años 50 nefastos, centrada en la lucha contra el dictador Batista, la pobreza extrema y la expoliación por parte de las compañías norteamericanas se transformó en lo contrario: una memoria de Cuba en los 50 como si hubiera sido el país más moderno y próspero en América Latina, dada su afinidad con Estados Unidos. Estos contrastes se hicieron muy patentes durante la celebración de los 500 años de La Habana, en 2019, cuando en la celebración patrimonial nada celebrable pertenecía al patrimonio revolucionario.

Como suele ocurrir con las memorias colectivas o personales en momentos de colapso, la interpretación de la historia difícil puede tomar la forma de una proyección del presente sobre el pasado. Este clima interpretativo puede ser instrumentalizado. Poco se sabe qué se está tejiendo en las altas esferas de la Casa Blanca y del Pentágono sobre Cuba, ni tampoco qué están tramando los altos mandos cubanos

La frase “esta gente lo destruyó todo”, para referirse a cómo el gobierno revolucionario arruinó el esplendor de Cuba, es quizás una de las memorias más comunes en la actualidad. La otra destrucción: la memoria de la rotura de las familias por causas políticas ha sido quizás uno de los dolores más escondidos dentro de las memorias disidentes. El Estado socialista suplantó a la familia en casi todas sus funciones, de modo que las rupturas, dispersiones, lejanías y el “nunca más lo vi” quedaron ocultos en los corazones individuales.

“No los voy a perdonar, porque me quitaron a mis hijos, nietos, hermanos…”, dice una cubana que afirma que no debe haber cambio sin justicia. Es una memoria también bastante generalizada, pero espinosa, porque, al igual que con la operación Peter Pan (1960-62), mezcla rencor, dolor, vergüenza y arrepentimiento, ya que muchos padres y madres estimularon la emigración de sus hijos sin prever las consecuencias negativas. Esta memoria contesta específicamente al argumento de los llamados dialogueros, que consiste en que, para que ocurra un cambio político y económico en Cuba, es necesario perdonar y negociar con los opresores.

Pero la memoria contraoficial más radicalmente pesimista y abstracta aparece en un texto muy difundido en las redes, atribuido espuriamente al artista Y.O. El texto generaliza un pueblo cubano completamente “anestesiado frente a la violencia”: El daño más profundo del sistema cubano no fue económico ni político. Fue antropológico. Produjo un tipo de ser humano emocionalmente agotado, entrenado para la escasez, habituado a la doble moral y psicológicamente condicionado para desconfiar de todo y de todos.

La memoria de la rotura de las familias por causas políticas ha sido quizás uno de los dolores más escondidos dentro de las memorias disidentes. El Estado socialista suplantó a la familia en casi todas sus funciones, de modo que las rupturas, dispersiones, lejanías y el “nunca más lo vi” quedaron ocultos en los corazones individuales

Como suele ocurrir con las memorias colectivas o personales en momentos de colapso, la interpretación de la historia difícil puede tomar la forma de una proyección del presente sobre el pasado. Este clima interpretativo puede ser instrumentalizado. Poco se sabe qué se está tejiendo en las altas esferas de la Casa Blanca y del Pentágono sobre Cuba, ni tampoco qué están tramando los altos mandos cubanos. The United States Department of State se suma al gran coro de ventrílocuos del pueblo de Cuba. La pregunta acerca de si el pueblo cubano será representado legítimamente y si habrá alguna forma de escuchar cómo los cubanos recuerdan el pasado revolucionario e imaginan un nuevo futuro sigue sin respuesta.