• Por J. Tomás Ibarra et. al.

Especial

Un mosaico inédito de naturaleza y cultura

A través de sucesivas investigaciones desarrolladas desde 2020 en Chiloé, hemos explorado cómo los cambios socioecológicos, el conocimiento local y las estrategias de adaptación configuran la resiliencia de los sistemas agrícolas y los modos de vida campesinos en este territorio, reconocido por la FAO como un Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial (*). Este archipiélago nos enseña que la relación entre las personas y la naturaleza es una trama dinámica de reciprocidad.

En el sur del mundo, el archipiélago de Chiloé se despliega como un conjunto de islas cubiertas por bosques siempre verdes, turberas o pomponales (Sphagnum sp), praderas y huertas familiares que se extienden hasta tocar el mar interior. La historia de estos territorios y maritorios está marcada por los vínculos históricos entre personas y naturaleza: agricultores, pescadores, recolectoras de orilla y tejedoras han construido aquí una forma de vida basada en la reciprocidad con el entorno. Sin embargo, esta trama enfrenta hoy transformaciones profundas. Los bosques nativos, las huertas, los papales, las semillas locales y los sistemas de manejo comunitario del agua conviven con la expansión urbana, el turismo, la salmonicultura, los cambios demográficos y las variaciones crecientes del clima. En este contexto, entender cómo las comunidades locales leen, interpretan y enfrentan estos cambios se vuelve esencial para pensar el futuro del archipiélago.

Desde 2020, nuestro equipo de investigación ha trabajado ininterrumpidamente junto a familias campesinas y comunidades rurales de este territorio para comprender estas dinámicas. A través de diversos estudios que abarcan los saberes locales sobre los cambios socioecológicos; la vulnerabilidad socioecológica (el grado de riesgo frente a perturbaciones, determinado por la exposición, la sensibilidad y la capacidad adaptativa de un sistema); la resiliencia socioecológica (la capacidad de los sistemas humanos y naturales para afrontar perturbaciones y adaptarse, aprendiendo de las crisis para reorganizarse, sin perder su identidad) de los medios de vida campesinos; la transformación del patrimonio biocultural y las prácticas de adaptación a la sequía, hemos podido reconstruir y generar escenarios futuros con una mirada integrada sobre la relación entre las personas y la naturaleza en este sistema agrícola de importancia mundial.

Una tensión entre lo tradicional y lo moderno

Las transformaciones en los medios de vida campesinos son una de las expresiones más visibles del cambio socioecológico actual en Chiloé. La agricultura familiar, que históricamente combinó cultivos tradicionales como la papa, ganadería, recolección y pesca, se encuentra hoy atravesada por factores que alteran su estabilidad: la pérdida de diversidad agrícola, la variabilidad climática, los cambios demográficos, el aumento en el uso de agroquímicos y el avance de actividades intensivas como la acuicultura o la silvicultura.

En las últimas décadas, las familias campesinas han disminuido la disponibilidad de agua y el suelo fértil, al mismo tiempo que aumenta la presión del mercado sobre los productos agrícolas. Estos cambios afectan no solo la economía rural, sino también los vínculos culturales y ecológicos que sostienen la vida en las islas. En muchas comunidades, el abandono de prácticas tradicionales como el cultivo de variedades locales de papa o el manejo de praderas naturales refleja un proceso de desanclaje respecto del territorio.

Los resultados de nuestros estudios muestran que, aunque los cambios climáticos y económicos son factores determinantes, también influyen las transformaciones en los tejidos sociales y en las instituciones locales. La pérdida de cooperación entre vecinos, el debilitamiento de las organizaciones y la falta de apoyo técnico han incrementado la vulnerabilidad de los sistemas agrícolas. Aun así, persisten múltiples formas de resistencia y reinvención que dan cuenta de una capacidad adaptativa profunda.

Vulnerabilidad y límites de los sistemas agrícolas

La vulnerabilidad de los medios de vida en Chiloé está ligada a su dependencia a los ecosistemas que hoy se encuentran bajo presión: agua, suelo, bosque y biodiversidad. En las zonas rurales, los períodos de sequía, cada vez más frecuentes, se suman a la degradación de los ecosistemas y a la falta de infraestructura adecuada para el almacenamiento de agua o la diversificación productiva. Los resultados de nuestras investigaciones recientes indican que los hogares con menor capital natural, social y financiero son los más expuestos a los impactos de la crisis climática. En este contexto, la resiliencia depende no solo de la disponibilidad de recursos materiales, sino también de la fortaleza de los lazos comunitarios y de la capacidad para mantener conocimientos locales que orienten las decisiones frente a la incertidumbre.

Las políticas públicas, centradas tradicionalmente en la productividad, han tendido a subestimar estos factores sociales y culturales, lo que limita su efectividad. En cambio, un enfoque territorial que reconozca las particularidades ecológicas y culturales de las islas podría fortalecer las capacidades locales de adaptación y reducir la vulnerabilidad estructural del sistema.

Saberes locales y conocimiento situado

El conocimiento que posee el campesinado sobre su entorno es producto de siglos de observación y práctica. A través de los ciclos lunares, el comportamiento de los vientos, los cambios en las mareas o el canto de las aves, las comunidades interpretan los ciclos del clima, la fertilidad del suelo y los tiempos de siembra o cosecha.

Este conocimiento, transmitido por generaciones, constituye una forma de ciencia local que permite anticipar y responder a los cambios del paisaje. En nuestras investigaciones, se ha evidenciado que quienes poseen un mayor conocimiento sobre los cambios atmosféricos, biológicos y sociales tienden a mostrar también mayores niveles de resiliencia. El saber local actúa, así, como un capital adaptativo: quienes comprenden mejor las señales del entorno y mantienen vínculos con redes de intercambio son capaces de ajustar sus prácticas y sostener su producción en contextos de cambios.

El desafío consiste en integrar este conocimiento en los procesos de toma de decisiones y en las políticas de desarrollo rural, principalmente en aquellas a escala local. Escuchar a las comunidades, reconocer la validez de sus observaciones y promover espacios de coaprendizaje son pasos fundamentales para enfrentar las crisis socioecológicas desde una perspectiva inclusiva y contextualizada.

Por esta razón, nuestro trabajo de investigación ha procurado estar acompañado por espacios de diálogo y aprendizaje colectivo inspirados en metodologías transdisciplinarias, que integran las voces de campesinos, equipos técnicos y científicos para cocrear conocimiento situado y orientado a la acción frente estos múltiples desafíos que afectan a la agricultura familiar campesina.

Adaptación y estrategias frente a la sequía

Las estrategias más exitosas en Chiloé son aquellas que fortalecen la autonomía local y promueven la colaboración entre familias y comunidades. Las sequías recientes han puesto a prueba la capacidad de respuesta de las comunidades rurales del archipiélago. Frente a la disminución de precipitaciones, los agricultores han desplegado una amplia gama de prácticas con potencial adaptativo, la mayoría basadas en conocimientos locales y recursos propios. Entre ellas destacan la captación y almacenamiento de agua lluvia, la diversificación de cultivos, la recuperación de variedades tradicionales, el uso de abonos orgánicos y la reorganización de los calendarios agrícolas.

Más de dos tercios de las prácticas de adaptación reportadas en nuestros estudios surgen de manera autónoma, como respuestas directas a la observación de los cambios. Otras combinan apoyos estatales con innovaciones locales, mientras que solo una pequeña fracción corresponde a programas planificados desde fuera del territorio. Esto revela la centralidad de los conocimientos campesinos, y su potencial para guiar políticas públicas sensibles y situadas al contexto local.


En nuestras investigaciones, se ha evidenciado que quienes poseen más conocimiento sobre los cambios atmosféricos, biológicos y sociales tienden a mostrar también mayores niveles de resiliencia. El saber local actúa, así, como un capital adaptativo.

Resiliencia y filtros socioecológicos

La resiliencia de los sistemas agrícolas de este conjunto de islas depende de múltiples factores interrelacionados: los recursos disponibles, la estructura social, las capacidades técnicas y las percepciones sobre el cambio. Al analizar estos componentes, hemos identificado ciertos “filtros socioecológicos”, entendidos como factores acoplados humano-naturaleza que podrían obstaculizar o aumentar la resiliencia del sistema, teniendo un impacto directo en los medios de vida campesinos en Chiloé. Estos, a su vez, determinan qué prácticas, especies y conocimientos persisten o se pierden en el tiempo.

Así, identificamos tres factores principales asociados a la resiliencia de los medios de vida campesinos en Chiloé. En primer lugar, observamos que el envejecimiento del campesinado se relaciona negativamente con la resiliencia. En segundo lugar, encontramos el aumento de la invasión de espinillo o chacay, que ha influido de manera negativa. Por último, constatamos que la diversidad de agroecosistemas se relaciona positivamente con la eficiencia de los medios de vida campesinos del lugar.

La resiliencia no puede entenderse solo como la habilidad de resistir crisis, sino también como la posibilidad de transformarse, sin perder identidad. En Chiloé, esa identidad se teje en torno a los vínculos entre personas, plantas, suelos, animales y saberes. Mantenerla viva requiere reconocer que la diversidad biológica y cultural (es decir, la compleja trama biocultural), a través de la memoria acumulada durante siglos y las posibilidades de innovación y creación colectiva, son la base misma de la adaptación.

Una trama de reciprocidad en movimiento

El archipiélago es reconocido mundialmente por su patrimonio biocultural: un tejido de prácticas agrícolas, culinarias y espirituales que expresa la relación íntima entre naturaleza y cultura. Sin embargo, este patrimonio no es estático. Las transformaciones del paisaje rural, el cambio en los modos de vida y la inserción en mercados globales están reconfigurando las formas en que las comunidades se relacionan con su entorno.

En diversos territorios del archipiélago, las expresiones del patrimonio, como la arquitectura en madera, las ferias y festividades locales, las redes de intercambio o los cultivos tradicionales, se ven tensionadas por nuevas lógicas de desarrollo. Aun así, las comunidades continúan recreando su identidad mediante iniciativas de conservación, turismo comunitario, educación ambiental y restauración del bosque nativo. El patrimonio biocultural, más que un legado del pasado, constituye una estrategia de futuro. Reforzar su valor implica reconocer que las prácticas locales son también formas de conocimiento, cuidado y gestión del territorio. En este sentido, Chiloé se erige como un laboratorio vivo para pensar transiciones hacia modelos de desarrollo más justos y sostenibles.

Chiloé nos enseña que la relación entre las personas y la naturaleza es una trama dinámica de reciprocidad. Las transformaciones ecológicas, económicas y sociales no han borrado la memoria de quienes continúan cultivando, pescando o recolectando en las islas, sino que los ha impulsado a reinventar sus prácticas para sostener la vida en comunidad. Desde 2020, nuestro equipo de investigación ha acompañado este proceso, escuchando las voces de quienes habitan el territorio y aprendiendo de su conocimiento. A lo largo de estos años hemos visto cómo el diálogo entre ciencia y saber local permite comprender mejor los desafíos del cambio global y, al mismo tiempo, fortalecer las capacidades locales para enfrentarlo. Cuidar del archipiélago, como de tantos otros territorios y maritorios del sur global, es cuidar también de nuestra posibilidad de un futuro común.

 

(*) Los estudios integrados aquí han sido apoyados por diferentes fuentes de financiamiento, incluyendo al Centro de Estudios Interculturales e Indígenas–CIIR (ANID FONDAP/15110006), ANID/FONDECYT Regular 1240070, 1231664 y 1200291. También contamos con el apoyo del Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural (RIMISP), el Centro Internacional Cabo de Hornos–CHIC (ANID PIA/BASAL PFB210018) y el Centro de Ecología Aplicada y Sustentabilidad (ANID PIA/BASAL FB0002).

Para leer más

• Ibarra, J. T. et al. (2024). “Indigenous and local knowledge on social-ecological changes is positively associated with livelihood resilience in a Globally Important Agricultural Heritage System”. Agricultural Systems, 216, 103885.

• Caviedes, J. et al. (2023). “Listen to us: small-scale farmers understandings of social-ecological changes and their drivers”. Regional Environmental Change, 23(4), 88.

• Ibarra, J. T. et al. (2025). “Livelihood resilience: The role of social-ecological filters in a Globally Important Agricultural Heritage System”. People and Nature.

• Kaulen, S. et al. “Adaptation Practices to Droughts by Small-Scale Farmers in a Globally Important South American Archipiélago”. Manuscrito en revisión (Frontiers in Sustainable Food Systems).

• Oyarzo, C.; Caviedes, J.; y Ibarra, J. T. (2024). “Transformación del patrimonio biocultural en el archipiélago de Chiloé”. Revista RIVAR, 11(1).

• Oyarzo, C. et al. (2024). “Vulnerability of small-scale farming livelihoods in a southern Chilean archipelago”. Environmental Sustainability Indicators, 21, 100385.

• Santana, F. et al. (2024). “Transdisciplinary as a participatory approach to face the social-environmental crises of family farming”. 18th International Congress of Ethnobiology, Marrakech, Marruecos.