• Revista Nº 185
  • Por Juan Luis García, profesor asociado del Instituto de Geografía UC; César Méndez, profesor asociado de la Escuela de Antropología UC; y Claudio Latorre, profesor titular de la Facultad de Ciencias Biológicas UC

Especial

Una investigación que sigue abierta: Monte Verde busca su verdad

El reciente revuelo en torno a este sitio arqueológico, desatado a partir del 19 de marzo de 2026, surge en un contexto de investigación completamente distinto al de décadas anteriores. Durante cuatro años, un equipo de investigadores de la Universidad Católica, en conjunto con un científico de la Universidad de Wyoming, nos propusimos abordar el sitio desde otra perspectiva.

¿Por qué el sitio arqueológico Monte Verde se volvió tan decisivamente importante para la imagen que nos hemos formado sobre el poblamiento americano? En este breve ensayo, revisaremos el contexto histórico que permitió que este lugar en Puerto Montt adquiriera tanta trascendencia. Además, abordaremos algunos aspectos de la trastienda de la investigación más reciente, realizada por nuestro equipo. Con ello, nos situamos en el centro de un debate que rápidamente desbordó la esfera científica y se instaló en la discusión pública. Primero, porque revitaliza la discusión de nuestro pasado remoto, y segundo, porque demuestra lo central del rol que juega la primera presencia humana en el territorio en la construcción del imaginario de Chile.

SUPERAR EL ESCRUTINIO CIENTÍFICO

A lo largo de la historia de la arqueología americana han surgido, una y otra vez, sitios muy antiguos que señalan una colonización inicial del continente, algo o mucho más remota de lo que indican los consensos de cada época. Basta revisar los debates arqueológicos –primero en Norteamérica y luego en Sudamérica– para ver cómo se ha mantenido una tensión entre quienes defienden cronologías más antiguas y quienes sostienen marcos temporales más jóvenes.

Durante gran parte del siglo XX, las investigaciones permitieron la consolidación de datos que situaban el poblamiento en Norteamérica en algo más de trece mil años atrás. Ese marco temporal ubicaba a los primeros cazadores recolectores que ingresaron al continente organizados en torno a la caza del mamut en el norte y de sus parientes gonfoterios, un tanto más pequeños, hacia el sur. A pesar de este relativo consenso, nunca cesaron de aparecer otras evidencias que sugerían una antigüedad mayor. Algunas proponían apenas unos miles de años adicionales; otras, en cambio, planteaban cronologías extraordinariamente antiguas. Basta recordar el controvertido caso del mastodonte Cerutti en California, de 130.000 años, publicado por la revista Nature en 2017.

Así, los candidatos a mayores antigüedades suelen publicarse en revistas científicas de alto impacto, generan gran interés científico y atraen una amplia cobertura mediática. Sin embargo, casi siempre emergen críticas sustantivas sobre aspectos clave de la formación de estos sitios, y muy pocos logran superar las pruebas necesarias para alcanzar una aceptación de la comunidad científica. Entre los escasos casos que sí lograron superar el escrutinio, el primero –y quizás el más influyente– fue Monte Verde.

¿Qué ocurrió, entonces, para que este sitio trascendiera de manera tan excepcional? La respuesta no radica únicamente en su antigüedad originalmente propuesta –unos 14.500 años antes del presente–, sino en el carácter extraordinario del conjunto de evidencias recuperadas

¿POR QUÉ MONTE VERDE ES TAN IMPORTANTE?

Pero, ¿en qué contexto un pequeño yacimiento ubicado a orillas del río Chinchihuapi, cerca de Puerto Montt, en un país remoto como Chile, llegó a adquirir tal importancia? En principio, un solo sitio no debería tener un peso tan determinante en una discusión de escala continental. Para ello, esperaríamos contar con conjuntos de datos robustos, replicables en distintos lugares, capaces de sostener un consenso amplio entre los equipos científicos que investigan el poblamiento inicial de América. ¿Qué ocurrió, entonces, para que este sitio trascendiera de manera tan excepcional? La respuesta no radica únicamente en su antigüedad originalmente propuesta –unos 14.500 años atrás–, sino en el carácter extraordinario del conjunto de evidencias recuperadas.

Según la interpretación de los investigadores que lo excavaron, encabezados por el arqueólogo Tom Dillehay, en la base del depósito se identificaron restos que sugerían estructuras habitacionales de uso permanente, fragmentos de la carne de mamíferos extintos, instrumentos de madera trabajada, estacas con cordeles anudados, huellas humanas e incluso trozos masticados de algas marinas. Esta larga y diversa lista de evidencias contrasta fuertemente con lo que se observa en la mayoría de los sitios más tempranos del continente, donde predominan pequeños desechos de talla lítica, asociados a los restos de huesos de las presas introducidas por sus habitantes. Monte Verde, en cambio, ofrecía un panorama completamente distinto: un registro orgánico excepcionalmente preservado, y un tipo de ocupación sin paralelo en otros yacimientos del fin de la última glaciación.

En 1997, una vez concluida la interpretación de sus restos y muchos años después de su excavación principal, un equipo selecto de investigadores visitó Monte Verde en una expedición financiada por la revista National Geographic. Su objetivo fue examinar directamente el contexto en terreno y evaluar la solidez de las asociaciones propuestas. Tras su inspección, consensuaron tanto la antigüedad del sitio como la validez de las relaciones entre los distintos tipos de evidencias recuperadas. Este hecho fue inédito: en ciencia, rara vez se recurre a certificaciones externas, pues cada investigador debe formarse su propio juicio a partir de su evaluación de las evidencias. Distintos autores han señalado lo problemático de este episodio histórico, que sin duda influyó en la percepción que muchos de nosotros –en distintos momentos de nuestras carreras– desarrollamos sobre Monte Verde y su lugar en el debate continental. El arqueólogo Gustavo Politis, en 1999,  señaló: “¿Por qué un grupo de especialistas debería llegar obligatoriamente a un consenso luego de unos pocos días aquí y allá revisando rápidamente los hallazgos y visitando los sectores marginales del sitio? (Politis, 1999:39)”.

EN TERRENO

EN TERRENO

En la imagen, los investigadores durante la búsqueda de las muestras. Estas no implicaron excavación ni alteración del sitio: consistieron en la extracción de pequeñas cantidades de madera, sedimento y ceniza volcánica procedentes de cortes naturalmente expuestos por el escurrimiento del agua del estero

EL RETORNO DE MONTE VERDE

El reciente revuelo en torno a Monte Verde, desatado a partir del 19 de marzo de 2026, surge en un contexto de investigación completamente distinto al de décadas anteriores. Durante cuatro años, un equipo de investigadores de la Universidad Católica, en conjunto con nuestro colega Todd Surovell de la Universidad de Wyoming, nos propusimos abordar el sitio desde otra perspectiva. Mientras que las críticas históricas a Monte Verde —que suman cientos de páginas en diversas revistas científicas— se han basado exclusivamente en la información publicada por los excavadores originales, nuestra aproximación incluyó ir al sitio y obtener nuestra propia evidencia.

Partimos de la hipótesis de que el estero Chinchihuapi contiene una serie de terrazas fluviales insertas unas dentro de otras y, por tanto, la capa estratigráfica (una acumulación de sedimentos asentada durante un periodo de tiempo determinado) que enterraba el depósito arqueológico de Monte Verde era más joven de lo que se había propuesto originalmente. Con ese objetivo, nos enfocamos en desarrollar una nueva lectura geomorfológica y estratigráfica, sustentada en la experiencia y conocimientos compartidos sobre la formación de paisajes en entornos glaciares y sobre los procesos de acumulación y erosión de sedimentos en los cursos de río.

Los resultados iniciales fueron, para nosotros mismos, sorprendentes. Las observaciones en terreno comenzaron a mostrar indicios que apuntaron hacia una interpretación radicalmente distinta de los eventos de formación del sitio. Con el tiempo, las observaciones se consolidaron en un esquema alternativo de la formación del paisaje y del depósito arqueológico, uno que pondera de manera diferente los principales mecanismos involucrados y que, en nuestra visión, ofrece una explicación más coherente para el conjunto de datos recuperados en Monte Verde, tanto por nosotros como por los investigadores anteriores.

Las observaciones en terreno comenzaron a mostrar indicios que apuntaron hacia una interpretación radicalmente distinta de los eventos de formación del sitio. Con el tiempo, las observaciones se consolidaron en un esquema alternativo de la formación del paisaje y del depósito arqueológico

EL VALOR DE LA CONTROVERSIA

En el breve tiempo transcurrido desde la publicación en Science (Surovell et al., 2026), han surgido cuestionamientos relacionados con los protocolos de trabajo y el otorgamiento de las autorizaciones, y críticas sobre nuestra relación con los colegas que trabajaron previamente en el sitio. Para nosotros es fundamental aclarar que, al inicio de nuestra investigación, el equipo invitó a los investigadores originales a una colaboración. Ante su negativa, vimos la oportunidad de abordar el problema con una mirada fresca e independiente, acorde con las preguntas de investigación que nos habíamos planteado. En el desarrollo del proyecto se usó una escala de observación del paisaje, que consideró obtener muestras aguas arriba y aguas abajo del estero en el cual se encuentra enterrado el sitio arqueológico. Sin embargo, pronto comprendimos que era indispensable contar con muestras provenientes del mismo sitio, pues este preserva de manera singular parte de la historia de su formación geológica.

Considerando que Monte Verde es un Monumento Histórico y un hito de singular relevancia, solicitamos al Consejo de Monumentos Nacionales la autorización para obtener 16 muestras. Estas no implicaron excavación ni alteración del sitio: consistieron únicamente en la extracción de pequeñas cantidades de madera, sedimento y ceniza volcánica procedentes de cortes naturalmente expuestos por el escurrimiento del agua del estero. Todo el procedimiento se realizó con apego estricto a la ley y a los reglamentos que rigen el trabajo en sitios arqueológicos. A pesar de las denuncias que se hicieron públicas, nuestro cumplimiento de la normativa quedó reflejado en la votación de la sesión ordinaria del Consejo de Monumentos Nacionales del 8 de abril de este año, cuando la autoridad competente se pronunció categóricamente en contra de todos los puntos contenidos en estos cuestionamientos.

La evaluación independiente realizada en Monte Verde no debiera sorprendernos. Todos los procesos científicos involucran replicación y esta es la única forma que tenemos de verificar colectivamente la veracidad del conocimiento levantado y que vamos por buen camino. Esto es especialmente relevante en un contexto donde un sitio arqueológico fue investigado por un solo equipo de trabajo por 50 años

La evaluación independiente realizada en Monte Verde no debiera sorprendernos. Todos los procesos científicos involucran replicación y esta es la única forma que tenemos de verificar colectivamente la veracidad del conocimiento levantado y que vamos por buen camino. Esto es especialmente relevante en un contexto donde un sitio arqueológico fue investigado por un solo equipo de trabajo por 50 años. Sin ir más lejos, conforme a nuestras expectativas, la nueva propuesta de la formación de Monte Verde ha recibido críticas en la forma de cartas electrónicas que acompañan el artículo original. Lo relevante es reconocer que la ciencia funciona así y es correcto discrepar y argumentar en favor de una u otra postura. Dichas respuestas también nos otorgan la oportunidad de aclarar nuestros puntos esenciales (ver revista Science, 6 de junio de 2026). En este sentido, la ciencia ocasionalmente toma rumbos distintos y la arqueología no debiera temer cambiar sus marcos cronológicos, y para tal caso, tampoco ninguna de sus interpretaciones.

La comprensión del poblamiento americano no es una carrera por descubrir lo más temprano o lo más espectacular posible, sino un derrotero hacia producir escenarios del pasado más consistentes. Tener el sitio más temprano no nos debiera generar orgullo, sino más bien robustecer el conocimiento en un marco de discusión y réplica independientemente de los resultados obtenidos.

PARA LEER MÁS

Dillehay, T. (1997). Monte Verde: A late Pleistocene settlement in Chile. The archaeological context and interpretation. Washington, DC: Smithsonian Institution Press.

Gore, R. (1997). “Ancient Americans”. National Geographic, 192 (4).

Holen, S.R.; Thomas, A.; Deméré, D.; Fisher, C. et al. (2017). “A 130,000-year-old archaeological site in southern California, USA”. Nature 544 (7651): 479-483.

Politis, G. (1999). “La estructura del debate sobre el poblamiento de América”. Boletín de Arqueología Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales 14 (2): 25-51.

Surovell, Todd A.; Méndez, C.; García, J.L.; Lüthgens, C.; Thompson, J.M. y Latorre, C. (2026). “A mid-Holocene age for Monte Verde challenges the timeline of human colonization of South America”. Science 391 (6791): 1283-1288.