¿Y si refundamos Chile en la Luna?
Con astronautas vestidos de azul y la herencia de Jenaro Gajardo, quien patentó la Luna como su propiedad en Talca en 1954, la obra Ce Hache Í propone una mirada crítica, y a la vez cómica, de la historia reciente. Pretende transformar los tropiezos nacionales en una oportunidad para volver a empezar. “Yo me considero un optimista, no puedo evitarlo, y claro, el texto tiene esa manera de leer nuestra historia y nuestro presente”, comenta el autor, Matías Silva.
“Chile está lleno de esas historias que nos dan risa porque justamente hablan de lo que somos”, dice Matías Silva, director y dramaturgo de la obra Ce Hache Í, que se presentó en su tercera temporada en el Ciclo de Compañías Jóvenes, en abril de este año, en Teatro UC.
La pieza ya había estado en las tablas en su estreno, en el Teatro El Puente, en julio de 2025, y en Sidarte en diciembre del mismo año. Silva, de 27 años, comenzó a trabajar en esta obra en 2022, junto a la compañía SITUAR. Su idea era rescatar la anécdota nacional sobre el poeta Jenaro Gajardo Vera, quien en 1954 patentó la Luna como su propiedad. Al morir, en 1998, heredó la Luna al país: “Dejo a mi pueblo la Luna, llena de amor por sus penas”.
Desde ese año, según el registro del Conservador de Bienes Raíces de Talca, la Luna es chilena. Con la misma ironía, pero también apelando a las penas de este país largo y angosto, Silva busca plasmar en su obra las ideas y las contradicciones de la identidad nacional. En su historia, la Luna es una tabula rasa donde un grupo de astronautas chilenos conversan sobre cómo refundar el país. Es la oportunidad perfecta para no cometer los mismos errores, vivir en armonía, tener una sociedad justa y acoger a los extraterrestres como corresponde. Así, los diálogos fluyen hacia una revisión de la historia: el proceso constitucional fallido, los inmigrantes, la dictadura, el golpe de Estado de 1973 y la independencia de Chile son hechos que pasan a ser parte de los recuerdos y palabras de los personajes, astronautas que no tienen nombre, vestidos iguales, de un azul que apela a la bandera.
“Soy parte de un grupo de jóvenes muy desencantados del presente y de la historia. Creo que vimos muy cerca la posibilidad de un cambio, de un proyecto distinto y común, y ese impulso se cortó. Entonces, más allá de que sea una obra que representa las problemáticas sociales y una lectura crítica del presente, creo que muestra esa necesidad de sentarnos a conversar“, comenta Silva.
A pesar de que estos hechos de la historia nacional pueden parecer fracasos, el dramaturgo cree que el relato tiene una mirada positiva. Por ello, buscó plasmar en su obra la reflexión y la pena, pero también la esperanza por un futuro mejor.
“La ternura y el optimismo están en la obra. Yo, en particular, me considero un optimista, no puedo evitarlo, y claro, el texto tiene esa manera de leer nuestra historia y nuestro presente desde un ángulo que no es fatalista”.
El autor es exalumno de la Escuela de Teatro de la UC y hoy estudia un magíster en Teatro y Artes Escénicas en la Universidad Nacional de Artes de Buenos Aires. A pesar de que su residencia actual está en Argentina, su proceso creativo sigue con un pie en Chile, en su futuro y en su pasado. Parte de eso se deja ver al final de Ce Hache Í: “Imaginemos a Chile como queramos. Construyámoslo o destruyamos todo por completo. Pero no dejemos de imaginarlo. Porque Chile, hoy, puede ser lo que sea. Y estamos en ese preciso momento. En que todo puede ser posible. Y en que todo puede caerse así de fácil”.
LA LUNA ES ¿CHILENA?
Matías Silva, director y dramaturgo de la obra, junto al elenco de Ce Hache Í
EXTRACTO GUION CE HACHE Í
3. ¿Saben qué? Cuando tocan elecciones yo siempre voto pensando en que no estoy entendiendo nada.
2. Es que nadie entiende nada.
3. Pero es que eso es lo raro… Que nadie entiende nada. Pero igual después uno ve a esos miles de “chilenos” que salieron de sus casas por la tele. Y ahí yo me pregunto: ¿seré yo, maestro? ¿Seré yo el que no está viendo lo que ve el resto?
Pausa.
3. Puede ser… Pero después pienso: “¿Quiero ser ese? ¿Quiero ser yo ese que sabe lo que está pasando? ¿Puedo ser yo? ¿Tengo realmente las herramientas para salvar a este país y liberarlo de sus males?” ¡No! ¡No alcanzo! No sé hacerlo y no tengo tiempo.
1. ¡A eso es lo que iba!
3. ¡Pero no es solo eso! Porque después, cuando llego en la noche después del tercer trabajo a medio tiempo que me consiguió una amiga, me doy cuenta de que efectivamente me queda tiempo. Pero ¿tiempo para qué?
2. Tiempo para llegar…
1. … comer algo…
4. … sacarse las zapatillas…
5. … y llorar…
3. Justamente. Pareciera ser que siempre hay tiempo para llorar un poco. Llorar hasta quedarme dormido.
Pausa.
3. Y ahí sí que hay tiempo para cambiar el mundo… Durmiendo. Porque cuando uno duerme, sueña. Y eso es lo más cercano a imaginar que conozco. Soñar es una forma de entrar en otro tiempo. En otro espacio. En otro país.
5. ¿Cuántas veces habrá llorado O’Higgins hasta quedarse dormido?
4. Me imagino que las suficientes como para formar una República.
5. ¿Se imaginan a O’Higgins llorando?
1. Jajaja ¡noooo!
5. ¡Imagínense!
[5] Comienza a actuar.
5’ ¿Qué hacés, Bernardo? ¿Estás llorando?
5’’ No… No es llanto… Solo un pequeño diluvio de
emociones.
5’ Dale, boludo, no te podés arrepentir ahora. Lo que estamos forjando es el futuro de nuestra patria.
5’’ Que no estoy llorando, digo… ¿Es que no has pensado en lo hermoso que es, José?
5’ ¿Quién? ¿Yo?
5’’ No, pelotudo… Este proyecto… Esta nación.
5’ ¿Sabés? Es hermoso pensar sobre lo incierto de todo. Sobre lo incierto del triunfo. Sobre lo incierto de la patria misma.
5’’ Por fin podremos ser lo que queramos, José…
5’ Lo que queramos, Bernardo…
[5] Hace el gesto de besarse a sí mismo. El equipo le observa sin decir nada.
[2] Interrumpe.
2. Te interrumpo… Perdón… No creo que haya sido tan así…
3. Pero de todas maneras… Sería hermoso…
5. Y es que al final, todo se trata de eso. De creer en algo que pueda valer la pena.
4. Para eso siempre hay tiempo.
3. Siempre hay tiempo.
2. Como para pelear solo en la ducha.