punta de una pluma para escribir punta de una pluma para escribir
  • Revista Nº 161
  • Por Carolina Loyola Estay

Columnas

Del Estado subsidiario al Estado mínimo

El triunfo electoral de Eduardo Frei Montalva, en 1964, marca un punto de inflexión respecto del modelo económico chileno de la época. Por casi treinta años el intento, eficiente en algunos casos, pero fallido en términos estructurales, de implementar un estado de Bienestar, tuvo por fin un momento esperanzador.

La idea de revolución (influencia directa de la revolución cubana de 1953-1959) se instaló en el ideario democratacristiano, pero con los matices propios y necesarios para quitarle a la revolución toda su violencia. El programa de Frei, revolucionario (pero en libertad), contenía un provocador esbozo de reforma agraria y de nacionalización del cobre, un plan de participación ciudadana para incluir a todos aquellos excluidos de los beneficios del desarrollo, y hasta un incipiente acercamiento al problema mapuche.

La importancia de este programa político recae en su profunda ideologización, mezcla de socialcristianismo y el modelo keynesiano. En efecto, las principales iniciativas del programa de Frei revelan una necesidad mesiánica de justicia social, mediante un estado fuerte con la capacidad de intervenir las políticas económicas expansivas. en un principio, la mezcla dio resultado: el plan de promoción popular vigorizó las organizaciones de la sociedad civil para darle más participación a los sectores marginales; creó el Ministerio de vivienda, cuyo principal objetivo fue controlar el déficit habitacional mediante la construcción de más de 200.000 viviendas populares. en seguridad social se instauró el seguro de accidentes del trabajo y enfermedades Profesionales; se aumentó la cobertura en salud con la construcción de nuevos hospitales y la cobertura educacional mediante la promulgación de la reforma educacional (1965) que modificó la estructura, los contenidos y metodologías de la enseñanza.

Sin embargo, la crisis económica que se suscitó desde 1967 socavó gran parte del programa de Frei. La frustración popular fue acompañada por una fuerte oleada de críticas al modelo intervencionista keynesiano. La principal de ellas provenía de la escuela de economía de la Universidad de Chicago, la misma que en 1957 firmó un convenio con la UC para el intercambio de jóvenes estudiantes. en una posición completamente opuesta y retomando las ideas económicas clásicas, los economistas de Chicago promovían el libre mercado y las ideas del monetarismo. Para ellos, las disrupciones económicas eran producto, precisamente, de la intervención obstinada de los organismos estatales.

Los mil días del gobierno de Allende no permiten mayor análisis (en esta columna) de la praxis económica que pretendía, pero de igual manera hizo suyas y materializó, en parte, mucho de aquello que Frei no pudo. El revés del estado de compromiso de estilo socialista/marxista del Frente Popular corrió por cuenta de la inteligencia estadounidense y la complacencia de los civiles y Fuerzas Armadas chilenas. El 11 de septiembre de 1973 puso fin a esa idea constante, pero frustrada, de instalar un estado de Bienestar en Chile.

El modelo económico neoliberal de la dictadura comparte con el de Frei su profunda ideologización: logró la modernización (vía privatizaciones) de algunas áreas clave de la economía chilena y su mayor éxito fue el cambio del modelo mismo: desde una economía que giraba alrededor de la iniciativa, protección y gestión del estado, se pasó a una economía liberal, según el modelo de la escuela de Chicago, basada en el empuje del sector privado que demostró por algunos años ser eficiente.

Podemos identificar dos etapas en la implementación de este modelo. Fases que transitaron “desde el neoliberalismo radical al neoliberalismo pragmático” (Gazmuri, J.; 2012). Pero, pese a este renovado laissez faire, el estado siempre mantuvo una cuota de control focalizando la acción pública en áreas prioritarias. Algunos lo denominan estado residual (Larrañaga, O.; 2010-2014), otros estado Mínimo (Valdés, J.G.; 2020). Lo cierto es que esta mínima acción estatal dio libertad para que los economistas lograran bajo una ortodoxia implacable frenar la inflación, impulsar las exportaciones de materias primas y las importaciones de productos elaborados, golpeando duramente a la industria nacional.

Con una economía más estabilizada y un escenario político-jurídico controlado por la Constitución de 1980 que le otorgó al ejecutivo un poder irrestricto, sobrevino la “terapia de shock”, aquella que habría de marcar el destino socioeconómico del país por más de treinta años: en 1980 fue promulgada la ley de municipalización de la educación, entregando la administración fiscal de la educación pública a las municipalidades; el mismo año el antiguo sistema de pensiones fue reemplazado por un fondo derivado de la capitalización individual en entes privados, las AFP; y en 1981 se promulgó la ley que faculta a las personas a depositar sus cotizaciones de salud en entes privados, las denominadas Instituciones de Salud Previsional (Isapres).

La ideología tras estas reformas apostó sin resquemor por el enriquecimiento individual, sin contar con que muchos no poseían los medios para alcanzar esa porción de la torta. La privatización logró mayor eficiencia en el sistema, pero dejó a gran parte de la población marginada. aquellos marginados no tuvieron siquiera el apoyo del estado para surgir. Con la democracia en los años 90 comienza un nuevo y lento proceso por revertir las desigualdades. tan lento e intrincado que el costo social de aquellas medidas económicas de los 80 aún lo estamos viviendo. El estallido de octubre pasado fue solo el inicio de una necesidad urgente de cambio. El proceso constitucional es su continuación. Solo la historia nos podrá relatar en unos años más si esta efervescencia actual nos condujo finalmente hacia el ansiado estado de Bienestar o bien solo volvimos a vestir sus ropajes