
Acciones y desafíos en la ruta a Frankfurt
Más de un año después de que Chile, a través del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, declinara ser el invitado de honor en la Feria del Libro de Frankfurt 2025, el bochorno parece haber quedado atrás. Sobre todo, porque en un gesto de grandeza y amistad, la organización del mayor encuentro mundial del libro renovó la invitación para 2027. El acuerdo se firmó en diciembre de 2023 e incluso se definió el lema: “Por los cielos despejados de la literatura”. A la cabeza de este trabajo conjunto se encuentran el Ministerio de las Culturas, la Dirac (de Cancillería) y Prochile. El desafío es enorme.
Fundada en 1949 por la Asociación de Editores y Libreros de Alemania, la Feria de Frankfurt es el más importante evento internacional en cuanto a venta de derechos y licencias editoriales. Y sigue creciendo: en su 76ª edición, celebrada en octubre pasado, recibió 115.000 visitas profesionales (105.000 en 2023), procedentes de 153 países (frente a 130) y 115.000 visitantes privados, cinco mil más que en la edición anterior.
El programa “Invitado de Honor”, que se creó en 1976 y desde 1988 es anual, implica una gran atención sobre la literatura y la cultura de ese país o región, lo que exige al invitado ser capaz de ofrecer un amplio programa de actividades. Pero, dada la esencia de esta feria, hay un requisito fundamental: la traducción de las obras al alemán y a otros idiomas, con el fin de despertar el interés de los editores de todo el mundo por publicarlas. Ante la envergadura de estos desafíos, la invitación se hace cuatro años antes. Ahora, queda un año para que termine el gobierno del Presidente Gabriel Boric, por lo que la presencia de Chile en Frankfurt le corresponderá a la siguiente administración.
(Al declinar la invitación a Frankfurt) Los esfuerzos se concentrarían en impulsar en el país una feria internacional que permitiera activar y fortalecer el “ecosistema” del libro y la lectura. Esa tarea sigue pendiente.
Es esencial que se asuma esta preparación como una política de Estado y que trascienda la gestión de un gobierno. Así se planteó en su momento la internacionalización del libro chileno, cuyos resultados son disparejos. Estos son procesos largos y requieren estrategia, imaginación, trabajo, profesionales idóneos, proyección y recursos económicos. Ya en 1990, Carlos Franz y el fallecido editor Jorge Barros (Pehuén) estuvieron en la Feria de Frankfurt en representación de la Cámara del Libro y le manifestaron al director de entonces el anhelo de que Chile fuera invitado de honor. El país recuperaba la democracia y con ella una efervescencia cultural que hacía soñar en grande y que también potenció a la Feria del Libro de Santiago, recién instalada en la Estación Mapocho. Hoy, la Filsa ha perdido toda relevancia.
Al declinar la invitación a Frankfurt 2025, la autoridad cultural de entonces esgrimió el argumento de la austeridad y dijo que, en cambio, los esfuerzos se concentrarían en impulsar en el país una feria internacional que permitiera activar y fortalecer el “ecosistema” del libro y la lectura. Esa tarea sigue pendiente. Pero el camino a Frankfurt 2027 es ahora sin retorno.