Cine en Pijamas
Que los hermanos Larraín lancen la plataforma de streaming Pijama Films para películas sin ventana activa de exhibición es una buena noticia que hay que leer con cuidado, en un contexto complejo de transformación de los mercados y del consumo cultural. Efectivamente, la producción cinematográfica alcanza récords históricos, y son pocas las películas que quedan disponibles al público después de los estrenos, a veces muy acotados. Cine sin pantalla en la “era de las pantallas”.
Sin embargo, es común la mirada ingenua sobre las plataformas tipo Netflix, aduciéndose a una supuesta “democratización” del cine, pensamiento que también acuñan los fundadores de Fábula al presentar la suya. Esta afirmación es problemática, ya que este modelo de exhibición transnacional ha demostrado favorecer los “contenidos” globales por sobre los locales, con lógicas de recomendación automatizada que priorizan lo más “eficiente”, invisibilizando aquello que desafía la uniformidad del algoritmo.
Esto es también crítico desde la perspectiva de los creadores que, por primera vez en la historia, se enfrentan a un único agente que controla la cadena completa de producción (desde el análisis de datos de sus usuarios, pasando por la producción y hasta la exhibición final sin intermediarios) y exigiendo exclusividad total, incluso comprometiendo derechos patrimoniales en negociaciones calificadas como coercitivas por diversas sociedades de autores.
Esta aparente percepción de acceso “democrático” es más bien una lucha por la exclusividad que tiende, de distintas y persistentes formas, al monopolio. Y eso siempre, y sobre todo en materia cultural, debiera preocuparnos.
Y es que esta aparente percepción de acceso “democrático” es más bien una lucha por la exclusividad que tiende, de distintas y persistentes formas, al monopolio. Y eso siempre, y sobre todo en materia cultural, debiera preocuparnos.
El nombre de la plataforma, por otro lado, se alinea perfectamente con las tendencias del mercado de los streamers. Pijama Films para espectadores somnolientos, refugiados en el confort de pantallas individuales. Además, la plataforma promete asegurar una experiencia de usuario cómoda y la posibilidad de alimentarse de recomendaciones de una “comunidad” de usuarios, tal vez el elemento más interesante que podría inspirar al algoritmo y aprovechar la cinefilia activa que se aprecia en redes, como Letterboxd.
Sin embargo, es el modelo de monetización propuesto por Pijama lo que más deja dudas. Según lo anunciado, cada visionado tendrá un costo individual de entre 3 y 9 dólares, es decir, se trata de una Transactional Video On Demand (TVOD) y no de una por suscripción; la misma forma que –también en su origen– nos permitía recibir un diario o revista que tal vez no me interesara completamente. Por ello, en el contexto de un espectador curioso y en pijamas, pagar por cada película pone en peligro la exploración necesaria para romper las hegemonías y convertirse, efectivamente, en un catalizador de películas “ocultas”.
Se trata de otro desafío más que se suma a la inminencia de la IA como productor, para muchos el futuro inevitable de las plataformas audiovisuales, donde lo único que quede por distribuir sean prompts de refritos autocomplacientes, tal vez la transformación definitiva del cine para ver en pijamas.