La fuerza creadora del cuerpo femenino
Las obras parecen hablarnos de la fuerza creadora del cuerpo femenino, visto como origen y territorio. El
resultado une lo erótico con lo orgánico, lo íntimo con lo telúrico.
Agradezco siempre a la cámara fotográfica… o quizás a la fotografía misma, no lo sé. Lo cierto
es que me ha permitido acercarme y romper con mi timidez para conseguir una imagen. Es simple: “Necesito tenerte en mi colección. ¿Me dejas hacerte un retrato? Hagamos algo performático, algo tuyo y mío…”. Y así empieza el diálogo. En 2014 visité una exposición de Sandra Vásquez de la Horra en la galería Kewenig, en Berlín. La galería era preciosa: la casa, la limpieza, la pureza. Apenas entré, vi en la recepción una pintura enorme de Anselm Kiefer. Me dio un golpe directo al corazón.
En el segundo piso se desplegaba la muestra de esta artista chilena. Era sorprendente: dibujos sobre papeles gruesos impregnados en cera de abejas; a veces levantaban casas habitadas por figuras femeninas; otras, conjuntos de papeles pegados directamente al muro con cuerpos de mujeres, animales, mezclas de todo. Como si dijeran que naturaleza y humanidad son lo mismo: montañas, piel, curvas y tierra confundidas, en un contraste entre lo terrestre y lo espiritual, lo íntimo y lo simbólico.Todo hecho a lápiz grafito intenso, con la cera dándole cuerpo al papel. Pensé entonces en el “equipaje del artista”: un simple lápiz de mina, nada más. Qué libertad más grande. Un acto de rebeldía absoluta.
Recuerdo esa exposición porque el Museo de Bellas Artes está dando cada vez más espacio a creadoras chilenas que lo merecen. Ahí estuvieron en 2025, por ejemplo, Janet Toro, una performer
incansable, y Valeria Montti, que acaba de representar a Chile en la Bienal de Venecia 2024. Y a comienzos de este año, se presentó también Sandra Vásquez de la Horra en la Sala Matta. Un acto de justicia necesario: en el extranjero ella es tremendamente reconocida y premiada, y aquí en Chile… lo de siempre, casi nada.
Entonces, sin conocerla, me atreví a escribirle por Instagram. Empezamos un breve diálogo y se
comprometió a regalarme un ratito para unos retratos antes de la inauguración de su exposición. Fue un momento total: me regaló una performance para mis fotos, mostrando con sus manos y sus ojos todo su misticismo. Conectamos profundamente.
Para mí, la humildad y la atención tienen un valor inmenso, sobre todo en artistas importantes y famosos. Cuando esas cualidades acompañan a la obra, refuerzan el sentido profundo de lo creado, convirtiendo artista y obra en una unidad poderosa. “Los volcanes despiertos” se tituló la exposición desplegada en la Sala Matta, inundada por una energía femenina salvaje. Figuras de mujer plegadas y desplegadas sobre mesas mostraban cuerpos que se volvían paisajes, mujer- montaña hecha de colores ardientes, donde la sensualidad y la naturaleza se funden. Las obras parecen hablarnos de la fuerza creadora del cuerpo femenino, visto como origen y territorio. El resultado une lo erótico con lo orgánico, lo íntimo con lo telúrico.
Finalmente, se trata del dibujo: de la línea, del negro, del achurado; de esas formas que nacen brutalmente del inconsciente y se cargan de política, de intuición y de visiones profundamente personales. Nuestro diálogo continúa, con admiración y afecto.