La historia menos contada
Cuando se habla de amor, pareciera que nada es del todo nuevo. Las historias se repiten una y otra vez, compartidas por generaciones y, al mismo tiempo, vividas de forma distinta en cada caso. Si un nieto se sienta a conversar con su abuelo sobre amor, el terreno se equipara porque, por más que lo experimentemos y analicemos, sigue siendo un misterio.
Es por esto que propuestas como “Modern Love”, de The New York Times, son exitosas en todos sus formatos. La iniciativa partió hace más de 20 años como una columna del diario en la que se publicaban las mejores historias de amor que enviaba las personas. En su formato podcast, la idea se mantiene. Cada episodio es una historia distinta, y si bien la narración generalmente está en manos de una actriz, el libreto se construye en conjunto con la o el protagonista.
Los formatos cambian, pero las ganas de escuchar un buen chisme, jamás. En podcasts chilenos, como Dos completos, un wantán, Expertas en nada y La revolución de las viejas, demuestran esto mismo veinteañeras, cuarentonas y setenteras, respectivamente. Quizás algunas no entiendan lo que signifique que te den o no “me gusta” en la historia de Instagram, o lo que es una situationship, pero aunque cambien las formas, las ganas de entender el fondo siguen ahí.
Es una herencia que se refleja en el lenguaje narrativo actual. Expresiones como “el hilo de la historia”, “desenlace” o “punto” provienen de las mujeres que trabajaban en las textileras. Con mis amigas recientemente llegamos a la conclusión de que nos gusta más hablar de los intereses amorosos que con los sujetos en cuestión, porque, por más trillado que esté el tema, por más libros, películas y canciones que se escriban, y por más veces que se experimente, la mejor parte de ir a una cita es llegar a contarle a tu amiga.
El amor es tan nuevo como viejo y hablar de él ya no me parece cursi, sino complejo. Lo veo en todas las canciones de la radio, en las guerras, religiones y decisiones políticas.
Hoy, esa tradición oral convive con TikTok: “¿Cómo se conocieron?” es la pregunta que surge instintivamente al conversar con una pareja, y es la misma que le hace el equipo de Meet Cutes NYC, una cuenta de más de cinco millones de seguidores en TikTok e Instagram, a los transeúntes enamorados. Pero ¿por qué quiero escuchar la historia de gente desconocida? ¿Es el amor tan universal?
El amor en Latinoamérica se siente diferente. Mucho se habla de la pasión latina, del realismo mágico y blablá, pero creo que la respuesta está en el lenguaje. Una vez, una amiga me dijo: “Qué lata no ser amada en español”. Tiene sentido, porque nuestro idioma viene de las lenguas romances, que proceden del latín. No es casualidad que seamos cuna del bolero, el tango, la trova cubana y la ranchera mexicana.
Por eso, Chile es tierra de poetas y de señoras que escuchan a Juan Gabriel. Adherimos al cebollerentismo, porque tenemos mucha más variedad de palabras que las lenguas anglo, y ¿no es la forma de empalabrar nuestros sentimientos lo que les da forma? Entendemos solo lo que podemos definir, exteriorizar y compartir. Ahí se vuelve real.
El amor es tan nuevo como viejo y hablar de él ya no me parece cursi, sino complejo. Lo veo en todas las canciones de la radio, en las guerras, las religiones y las decisiones políticas. Así que terminaré con la más innovadora y menos manoseada reflexión: el amor, como tema de conversación, es inagotable, porque mueve el mundo incluso cuando no está.