• Revista Nº 179
  • Por Ximena Muñoz

Especial

Luces que beneficien a los ciudadanos

La luz está presente en cada segundo de nuestra vida. Sin embargo, poco conocemos sobre su impacto en nuestra salud física y mental. Es decir, los “efectos no visuales de la luz”. Así, un mecanismo denominado ritmo circadiano es un reloj interno que regula la actividad, y también entrega información a los órganos vitales para que secreten sustancias esenciales para su buen funcionamiento, según la cantidad de luz que recibimos.

Se podría decir que necesitamos días más luminosos y noches más oscuras. Tomar sol en la mañana es más sano y efectivo que un café cargado. Luces cálidas y de baja intensidad en la noche, sumado a un día “luminoso”, es más efectivo que tomar pastillas para dormir.

¿Cuál es el problema? Desde la revolución industrial, junto con la luz eléctrica en las ciudades, se ha sobrevalorado la iluminación como símbolo de “progreso”. Durante el siglo XX se desarrolló la iluminación análoga convencional: la clásica incandescente y la de descarga. El LED, que apareció a principios del siglo XXI como tecnología eficiente energéticamente, desplazó a las anteriores.

Con los años han aumentado la eficacia, pero manteniendo la potencia (W): la cantidad de luz que se emite va aumentando exponencialmente cada año, generando sobreiluminación. Por ello hemos dejado de ver las estrellas, invadiendo las áreas que hasta ahora estaban libres de contaminación lumínica, como las de observación astronómica, olvidando que Chile tiene uno de los cielos más limpios del planeta y lo estamos arruinando. Es más, la contaminación lumínica está creciendo en un 10% al año, por lo que podríamos perder todas las posibilidades de generar descubrimientos e inversiones astronómicas en nuestro país. Asimismo, ha generado la casi extinción de muchas especies nocturnas.


Un buen diseño de iluminación nocturna es aquel que ilumina donde se necesita (el piso, los escalones, las fachadas), cuando se necesita (usando sistemas de control), con los mínimos niveles necesarios (…) y con tonalidades cálidas.

Otro factor muy arraigado es la relación entre la sensación de seguridad y la sobreiluminación. Se han masificado las luminarias de “seguridad” que permanecen 24 horas encendidas apuntando a la nada e incluso encandilando a las personas, lo que impide ver, generando mayor inseguridad por no lograr distinguir el entorno. Esto ocurre en los sectores más estigmatizados de la ciudad donde hay mayor delincuencia. Ahí lo que ocurre es que el exceso de luz aleja a los usuarios. Porque nadie quiere ir a un parque que parece interrogatorio policial.

Un buen diseño de iluminación nocturna es aquel que ilumina donde se necesita (el piso, los escalones, las fachadas), cuando se necesita (usando sistemas de control), con los mínimos niveles necesarios (tenemos células oculares especialistas en oscuridad) y con tonalidades cálidas. Estos son principios fundamentales para desarrollar espacios urbanos de calidad, gratos para las personas y que fomenten la vida social.

Necesitamos que estos valores se difundan, ya que tenemos una potente herramienta para mejorar nuestra calidad de vida.