• Por Humberto Eliash
  • Arquitecto y académico de la U. de Chile. Acuarelista y dibujante chileno, fundador de la oficina de arquitectura Eliash Arquitectos. Fue presidente del Colegio de Arquitectos entre 2018 y 2020

Idea propia

Smiljan Radic: ¿trascendente o intrascendente?

Cada tanto aparece en Chile un arquitecto que gana el premio Pritzker. Esta vez lo ganó Smiljan Radic por su obra “situada en la encrucijada de la incertidumbre, la experimentación y la memoria cultural”, según cita el anuncio oficial.

De las múltiples entrevistas y textos que han aparecido sobre su trabajo, me llama la atención una frase en La Tercera (mayo de 2026), en la que dice que le quedan, con suerte, 10 años de actividad profesional para ejercer (tiene 61 años), y que su obra no dejará huella. Sin embargo, su trayectoria, hasta ahora, es consistente y sus encargos son tan variados que difícilmente su actividad creadora se detendrá en una década. Mentes creativas como la suya se han mantenido activas durante largos años (Niemeyer, Pei, Johnson, Gehry, Kusama, entre otros destacados arquitectos) aunque no toda su producción tenga la misma calidad y trascendencia.

En la misma entrevista, dice que su obra no dejará huella porque le interesa la experimentación y eso se logra mejor con obras temporales y de escala reducida. La trascendencia de las obras no siempre depende de la voluntad del autor y no es posible anticiparlas con total exactitud. Casos sobran: Vivaldi, Van Gogh, el pabellón Barcelona de Mies, etcétera. Es verdad que muchas de las obras de Radic son frágiles y temporales, pero eso no significa que la valoración social no las pueda hacer permanecer en el tiempo más allá de lo previsto. Los casos más notables, la Torre Eiffel, el Atomium de Bruselas, Habitat 67, Montreal, entre otros.

Es deseable que su talento se difunda a sectores más amplios de la sociedad que vayan más allá de un reducido grupo

Por otra parte, hay obras que han sido concebidas para una larga posteridad, pero han sobrevivido pocos años, como la Penn Station en Nueva York, el Hotel Imperial de Wright en Tokio, la Torre Nakagin de Kurosawa en la misma ciudad, el conjunto Robin Hood Gardens de los Smithson en Londres, etcétera.

Luis Paulo Alarcón, director de la Escuela de Arquitectura UNAB, plantea otro punto de vista sobre la trascendencia de la obra de Radic. Afirma que ella “no es extrapolable al trabajo del 99% de los arquitectos y arquitectas” (El Mostrador, mayo de 2026), por su carácter singular y elitista. Dice que las escuelas de arquitectura en Chile viven una tensión entre producir arquitectos excepcionales o profesionales apegados a la realidad.

Tuve la oportunidad de conversar con el arquitecto portugués Álvaro Siza, pocos meses después de recibir el Pritzker de 1992, y me dijo que recibió 30 encargos en los meses siguientes al premio. Le conté años después a Alejandro Aravena esa experiencia y me confirmó que a ellos, con Elemental, les había sucedido algo parecido. Smiljan ha dicho que él solo es capaz de hacer una o dos obras por año. Si aquello es cierto, tendrá que ver qué hace con las otras 28 que le ofrecerán producto de su exposición mundial con el premio y la necesidad mediática de nuestra sociedad de levantar ídolos y tener referentes.

No es posible anticipar si aquellas obras serán trascendentes, pero es deseable que su talento se difunda a sectores más amplios de la sociedad que vayan más allá de un reducido grupo. La arquitectura es parte de la cultura universal y como tal debe ser amplia, inclusiva, pública y democrática. Ojalá que Radic siga creando y que no tengamos que ir a Vilches, Detif o Somerset para apreciar sus atributos y conjeturar si serán trascendentes o no.

Parafraseando a Borges, podemos afirmar que el tiempo es el verdadero y único editor del éxito artístico.