• Revista Nº 169
  • Por Daniela Zárate
  • Fotografías REVOLUZ100

Reportajes

Un siglo de electricidad: Chile se ilumina

Desde un baile de disfraces en 1885 hasta cargadores de baterías eléctricas para autos. La primera bombilla iluminada en un hogar chileno marcó un cambio complejo a nivel nacional que no solo impactó la forma como vivimos, sino que también cómo nos transportamos, comunicamos e incluso, investigamos para futuras innovaciones. Acá la historia del desarrollo de este proceso en nuestras calles.

Cuando pensamos en los avances tecnológicos en Chile, rápidamente se nos vienen a la cabeza equipos electrónicos a los que ya estamos acostumbrados. No importa si es el celular que tenemos en nuestro bolsillo o los dispositivos a los que les hablamos en voz alta para que cambien la canción que estamos escuchando. Es difícil pensar en un mundo sin enchufes, interruptores y cables. Por el contrario, estamos buscando como sociedad nuevas maneras para seguir cargando nuestros computadores sin destruir el planeta en el camino.

Sin embargo, sin importar esta vorágine, todo tiene un comienzo que supera los 100 años: la llegada de la luz eléctrica a nuestro país.

LA FIESTA DE LOS PRESIDENTES

Era 1885 y en la calle Dieciocho 620 se iluminaba por primera vez una casa chilena con luz eléctrica. Era el cumpleaños de Mercedes Herboso, esposa del abogado Víctor Echaurren Valero. La ocasión perfecta para realizar un lujoso baile y fiesta de disfraces, e inaugurar la nueva mansión de la pareja.

Al lugar llegó solamente la élite de la aristocracia capitalina, todos y todas en carruajes lujosos, escoltados por una policía montada y con atuendos que imitaban la vestimenta desde Isabel La Católica y María Antonieta hasta Helena de Troya. Pero nada se robaría las miradas de la mansión iluminada por luces eléctricas.

Esta sería la primera vez que la luz eléctrica entraría a un hogar chileno. En un terreno que hoy es ocupado por un edificio, repleto de departamentos, con quizás una decena de dispositivos por cada uno de ellos. Al frente se puede ver como reflejo de sus ventanas una luminaria gigante de color azul, que no se apaga durante la noche, y que anuncia la presencia de un supermercado nacional de gran tamaño, alumbrado por luces eléctricas que hace 200 años parecían un milagro en sí mismas.

La llegada de este invento a las calles del país había sido solamente cinco años antes de la fiesta de calle Dieciocho, cuando se implementaron las primeras luminarias públicas en la Plaza de Armas. Hasta ese momento, la energía se usaba principalmente para la comunicación entre Santiago y Valparaíso vía telégrafo. La generación de hogares y espacios públicos todavía era en base a gas, a la espera de que, el 19 de octubre de 1879, el inventor estadounidense Thomas Alva Edison mantuviera un filamento incandescente por varios días y diera paso al nacimiento oficial de la bombilla eléctrica. Cuatro años más tarde, dos faroles de cinco luces cada uno iluminarían el corazón de nuestra capital y más tarde brillarían en “la fiesta de los presidentes”, como quedó escrito en la historia el lujoso baile de disfraces del matrimonio Echaurren-Herboso.

Durante el siglo XX, el salto sería de la electricidad a nuevos inventos como la radio (hace 100 años ya había más de 15 emisoras en todo Chile), las luces de neón en 1926 o los mismos electrodomésticos tanto de producción internacional como local. Pero su impacto iría mucho más allá de estas pequeñas cosas y alcanzaría diferentes áreas de nuestras vidas.

 

Prender la noche. La llegada de la electricidad a las calles fue en 1883, cuando se implementaron las primeras luminarias públicas de nuestro país en la Plaza de Armas.

NOS SUBIMOS EN TRANVÍA, NOS BAJAMOS EN METRO

Mientras Santiago comenzaba a encenderse, las calles aún no se llenaban de automóviles. En 1910, habían solo 21 vehículos particulares inscritos en el entonces pequeño Santiago.

Hasta el momento, la tendencia era el transporte con tracción animal que circulaba por las calles Ahumada, Estado, Arturo Prat, San Diego llegando en su límite poniente a lo que hoy es Estación Central.

“Un elemento fundamental que tiene que ver con la electricidad y la planificación urbana es el transporte, porque a fines del siglo XIX se licitan servicios de transporte público que permiten reemplazar los carros de sangre (tranvías con tracción animal) por sus pares eléctricos que comienzan a funcionar el año 1900 (…). Varias compañías establecen servicios de este tipo, pero no se limitan a operar los tranvías, sino que también –por ejemplo– ofrecen servicios de alumbrado público y producen la energía eléctrica”, comenta Giovanni Vecchio, profesor del Instituto de Estudios Urbanos de la UC, especializado en planificación urbana.

Para los años 20, los vehículos con tracción eléctrica dominaban la red de calles y avenidas de Santiago. Sin embargo, con la llegada de los autobuses urbanos comenzaron a desaparecer paulatinamente.

“Los vehículos eléctricos pueden parecer un descubrimiento moderno, pero es todo lo contrario. Su historia se remonta a más de 180 años cuando el motor a gasolina y diésel ni siquiera había sido inventado ni desarrollado. Sin embargo, la tecnología eléctrica se quedó rezagada en el siglo 20 por su alto costo y falta de autonomía”, explica Javier Pereda, académico del departamento de Ingeniería Eléctrica y del Centro de Energía UC, y director del Laboratorio de Vehículos Eléctricos de la UC.

La luz eléctrica volvió al transporte público chileno hace solamente unos años con la llegada de una nueva flota de buses en la capital que funcionan sin combustión a gasolina y que solamente se mueven a partir de electricidad. Lo mismo a nivel particular con la existencia de los primeros autos particulares, scooters y bicicletas eléctricas.

Esto sin contar, obviamente, la existencia del Metro desde la década de los 60, que se convirtió en la verdadera revolución del transporte público chileno, precisamente, por funcionar con energía eléctrica.

“Desde el comienzo del siglo XX la electricidad tiene un rol muy importante en el desarrollo de la ciudad, y cuando ya llega el Metro, que se piensa desde un primer momento como una infraestructura con alimentación eléctrica, esta relación se vuelve cada vez más estrecha”, agrega Vecchio.

A nivel interregional, durante el comienzo de este siglo comenzaron a aparecer alternativas sustentables para transportar y conectar el país. En 2001, la empresa de Ferrocarriles del Estado inauguró los 397 kilómetros del tramo Santiago-Chillán y disminuyó sus tiempos de viaje. Dos años más tarde, cuatro locomotoras eléctricas circularon por los rieles de los 696 kilómetros que separaban la capital con Temuco, y bajaron de 12 a solo 9 las horas de traslado. Sin embargo, los esfuerzos fueron insuficientes, los números no acompañaron y, hasta 2010, la empresa replegó la oferta de sus servicios.

En 2011, un nuevo plan ferroviario apostó por el crecimiento y la expansión. Se extendió el Biotren en la región del Biobío, aumentó la capacidad del Metro Valparaíso y se creó el Metrotren Nos y Rancagua. Esta alternativa de transporte limpio fue vista con entusiasmo por las autoridades en 2019, quienes resolvieron duplicar los servicios de transporte ferroviario de pasajeros, diseñando nuevos tramos, como el de Melipilla y Batuco.

“En la próxima década hay muchos desafíos que tienen que ver con la electricidad en términos de planificación urbana y de la movilidad. El primero por el que apuesta el Gobierno de Chile tiene que ver con la promoción de la electromovilidad”, señala el académico del Instituto de Estudios Urbanos.

Este es un punto en el que concuerda Pereda: “Hoy, prácticamente el 98% de la energía que consume transporte en Chile proviene de hidrocarburos que son contaminantes y además importados, y lo vamos a pasar a la energía eléctrica, idealmente limpia. Entonces, ahí la meta es tratar de seguir avanzando nuestra matriz energética, la eléctrica, y seguir haciéndola más verde. Eso significa más energía solar, más energía eólica y hacer que el sistema eléctrico soporte, obviamente, mover estas grandes cantidades de energía a los centros de carga de los vehículos que van a estar distribuidos por todas las ciudades y por las autopistas. Además, hay un desafío de infraestructura de carga en cuanto al sistema eléctrico”, agrega el docente de Ingeniería UC.

 

El gran salto. Durante el siglo XX, el salto sería de la electricidad a nuevos inventos como la radio, las luces de neón en 1926 o los mismos electrodomésticos tanto de producción internacional como local. Pero su impacto iría mucho más allá de estas pequeñas cosas y alcanzaría diferentes áreas de nuestras vidas.

LA CIENCIA FICCIÓN COMIENZA A HACERSE REALIDAD

El impacto de la llegada de la electricidad no solo se veía en la ciudad y su transporte, sino que también en los ojos y la imaginación de la población en Chile, durante fines del siglo XIX.

Las formas de consumir contenido cambiaron casi tan rápido como el avance de la misma luz a través de la ciudad. Uno de los impactos más grandes fue la llegada de los medios de comunicación masiva, inicialmente con la radio, y ya para mediados del siglo pasado con la televisión.

Ambas plataformas permitieron el arribo de nuevas tendencias, contenidos culturales como “La Guerra de los Mundos”, nuevos dispositivos como tocadiscos, radios portátiles y eventualmente cámaras, transmisiones y aparatos para sintonizar en Chile.

“Desde el momento en que se incorporó la luz eléctrica a la tecnología de los medios de comunicación de masas se incluye esa dimensión a la cultura popular. La cultura popular, por lo mismo, se mediatiza y se masifica”, señala César Albornoz, docente del Instituto de Historia de la UC y experto en cultura popular.

A estos aparatos se suman también cambios como la llegada de los supermercados en 1957; la implementación del amado y odiado cambio de hora, creado a partir de la sequía de 1968 para tener luz natural en el horario peak de consumo de electricidad; la llegada de la televisión de pago y las tiendas de VHS. Una serie de inventos que muchos de nosotros y nosotras ya reunimos solamente en el teléfono que se encuentra en nuestro bolsillo.

Esto se observa a través de la historia en el mismo arte. “Se puede apreciar desde tres dimensiones: texto, soporte y presencia social. Es en el segundo aspecto, el soporte, donde se evidencia mejor el impacto; el arte transversalmente asume la electricidad como parte de su contenido, habiendo alguno que se sostiene en ella. El cine es un buen ejemplo al respecto; ya que, sin electricidad, no existe. Por otro lado, otro arte asume la electricidad como mediatización entre su experiencia y la masa. Es el caso de la radio o el micrófono, en su vínculo con la música y su auditor. Desde la dimensión del texto, como el impacto es advertible con la perspectiva del tiempo, no son tantas las obras que evidencian impacto desde su argumento. Posiblemente, la película Metrópolis (Fritz Lang, 1927) sea una de ellas”, agrega el docente de Historia UC.

Desde entonces, el salto ha sido a máxima velocidad. Para el comienzo del nuevo milenio, solamente 16,6% de los chilenos tenían acceso a internet (funcional gracias a la misma electricidad), de acuerdo con la Encuesta CASEN. Hoy, casi nueve de cada diez hogares tienen conexión a internet.

“La luz eléctrica es parte constituyente de la cultura popular en el presente, en cuanto esta última es globalizada y sostenida en la tecnología que lo permite. No podemos considerar una cultura globalizada sin electricidad”, explica César Albornoz.

 

Un mundo tecnologizado. “La luz eléctrica es parte constituyente de la cultura popular en el presente, en cuanto esta última es globalizada y sostenida en la tecnología que lo permite”, afirma el académico César Albornoz.

REVOLUZ100: UN CAMBIO DE PARADIGMA

Contar cómo fue el desarrollo de la tecnología no es una tarea fácil, y a raíz del centenario de la llegada de la electricidad a Chile el equipo del proyecto Revoluz100, impulsado por Enel Distribución y la Fundación Procultura, se propuso hacerlo, de una manera cercana y acorde a los tiempos. Si bien inicialmente su idea era hacer una investigación tradicional y crear un libro, el proyecto tomó rápidamente otro camino.

“En el equipo realizador de Revoluz100 siempre nos hemos dedicado a contar historias. Y el caso de la electricidad nos parecía especialmente fascinante, no solo porque tiene una cantidad de archivo fantástico, sino porque además no hablaba solamente de una persona, que era lo que veníamos haciendo normalmente, sino que del desarrollo de toda una ciudad”, señala Claudio Mendoza, uno de los creadores de la iniciativa.

De esta manera, y con un estallido social y una pandemia entre medio, el equipo detrás de esta plataforma revoluz100.cl pasó de su idea original a maravillarse con el contenido que encontraron durante la investigación original. De solo tres personas pasaron a ser más de 50 participantes en el proyecto, incluyendo a más de 40 expertos, ingenieros, arquitectos, historiadores y la Premio Nacional de Artes Musicales y directora de Artes y Cultura de la UC, Miryam Singer, quienes aportaron al desarrollo del contenido dividido en cinco capítulos audiovisuales, de 20 años de historia cada uno y cuatro categorías: Transporte, Energía, Tendencia y Urbano.

Todo por medio de un recorrido virtual con diferentes videos y entrevistas a diversos expertos de la academia, entre ellos casi una decena de docentes UC, sobre el desarrollo eléctrico chileno. Algunas imágenes las puedes observar en este reportaje.

“Lo que nos motivó a crear un material interactivo es que teníamos todo, fotos, testimonios, infografías, archivo sonoro, incluso hasta cinco horas de contenido audiovisual. Así, descubrimos una manera de entregar un contenido de forma inmersiva y que le hable a los jóvenes en su propio lenguaje: no solo pueden leer la historia, sino que verla, dar la vuelta en 360º, escuchar audios, ver todo el material desde otra perspectiva y en un mismo lugar. Es tanto así que estamos trabajando con Educar Chile para implementar esta plataforma de manera pedagógica y que quede a la disposición de los profesores para usarla”, finaliza Mendoza.

 

Proyecto cultural. Revoluz100 es un recorrido virtual con diferentes videos y entrevistas a diversos expertos de la academia, entre ellos casi una decena de docentes UC, sobre el desarrollo eléctrico chileno.