Fotografía de Nicolás Luco Fotografía de Nicolás Luco

El libro que me marcó

El Diario de Anne Frank

Desde 1958 llevo un diario de vida, con intermitencias. Le escribo cartas a mi “Querida Ana”. Se trata de Ana Frank.

El 18 de diciembre de 1958 compré su diario en la librería Studio, en la calle Agustinas de Santiago, en inglés. Lo terminé el mismo día. “Ella está en mi misma postura en torno al sexo, los padres y su necesidad de amor”, escribí esa noche, también en inglés, a la una de la madrugada. Yo tenía 16 años.

No me impresionó su encierro, su judaísmo. Ni siquiera indagué en la corta vida que siguió a su captura. El encantamiento vino de su forma de revelarse, tan cándida.

Me abrió el misterio que más me desafiaba: la intimidad de una niña. Desde entonces hasta ahora, el palpitar de la mujer, el poder de esa intimidad, persisten en mí en un interminable descubrir.

“A veces, me acuesto aquí en cama de noche y tengo un terrible deseo de tocar mis pechos y escuchar el silencioso rítmico palpitar de mi corazón”; o bien: “Sí, no hay duda de que el papel es paciente y como no tengo intenciones de mostrarle este cuaderno de tapas de cartón que ostenta el nombre de ‘diario’ a nadie, salvo que encuentre un amigo de verdad, chico o chica, probablemente no le importe a nadie. Y ahora llego a la raíz del asunto, la razón por la cual comenzar un diario: y es que no tengo tal amigo de verdad”. “¡Yo, yo, yo quiero ser ese amigo!”, me dije. Y seguí escribiendo mi diario en inglés, para que nadie lo leyera.

Averigüé después los rumores de que fue su padre quien adornó sus textos, pero nada borra ese regalo suyo a un varón adolescente como yo, el jueves 18 de diciembre de 1958.

El acontecer histórico, la persecución a los judíos, el heroísmo de esa comunidad holandesa, no me interesó demasiado. Solo me hundí en la vida interior de una niña en su despertar. Fue como en La guerra y la paz: me sedujo más la tormenta de los personajes que el escenario bélico y político.

Todavía le escribo a Ana Frank. Después, descubrí su fotografía de niña delgada, sensible y con una sonrisa filuda. Siempre me digo y cito su escrito: “Me aferro a ellas (mis esperanzas) a pesar de todo, porque sigo creyendo en la bondad innata del hombre”.

Diario de Anne Frank

Diario de Anne Frank

Editorial Debolsillo, Colección Contemporánea, Año 2012.